Opinión

Vótese con precaución

 

En mi afición morbosa por ver caóticas conductas populacheras y chabacanas irrumpiendo en espacios de fingida solemnidad y viciados de poder como lo puede ser el Parlamento hoy en día, decidí votar por un candidato que sé que no tiene las competencias para el cargo. Soy honesto: estoy plenamente consciente que mi candidato no tiene las facultades que necesita la persona adecuada para dicho sillón en la cámara pero, vamos, no todo en esta vida tiene que ser tan serio y darme un gusto como ése es algo a lo que estoy dispuesto, tan dispuesto como puede estar una persona a “pasarse un poco de copas” para el 18. Es un puesto en la cámara que probablemente no cause gran impacto en el acontecer nacional pero podría garantizarme interesantes escenas para ver y uno que otro meme. La democracia es una fiesta, y también puede ser un circo, así que quise reclamar mi parte.

Sin embargo, mi poco prudente –pero no inocente– voto (ganador, por cierto) es una excepción dentro del universo de los votos que entran en juego en una elección, y es que nadie, o casi nadie, siente el deseo de votar por quien considera “el mal mayor”, sino que la gente lo hace motivada por quien se siente representada y cree que es el indicado. Pero, ¿qué pasaría si miles o millones de personas, por no detenerse a pensar en aptitudes y habilidades, votaran por alguien que no está capacitado para detentar, y mucho menos concentrar, el poder?

 

 

“Las armas las carga el Diablo y las disparan los huevones”, dice mi abuelo respecto a jugar con armas y no comprender el poder que éstas pueden liberar para bien o para mal. Así también la democracia es un arma peligrosa que puede estallar en la mano –o en el rostro o, incluso, matar al equivocado– de quien juega con ella sin comprender su poder. Si bien considero que la democracia es un verdadero atentado contra la libertad  y la excelencia y que debería ser proscrita, ésta existe y se aplica, y su aplicación es tan ineficiente como podría esperarse de cualquier invento igualitarista e irresponsable.

Comprender el poder –mediante la información y el discernimiento en relación al funcionamiento de la política y la sociedad– es el estadio previo necesario que debe experimentar el individuo para hacerse responsable de dicho poder, pues en la comprensión de las consecuencias que pueden desprenderse del ejercicio de éste radica la esencia de la cuota de pequeña tiranía (pues la decisión que tome el individuo no lo impactará solamente a él, sino que se extenderá más allá de sí mismo y, en efecto, el individuo en ese momento actúa motivado por lo que él cree que es mejor para todos) que es la democratización del poder: tal como se debe ser responsable y si se va a tomar alcohol debe hacerse con precaución, se debe ser responsable y si se va a votar, hacerlo con precaución.

Por Francisco JavGzo

Arqueofuturista. Adorador de los gatos. HBD. Anarcotribalista. Deep ecologist. LHP. Chaos Magick.

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