Opinión

Silent Verba, Facta Loquuntur

Desde el término de la Segunda Guerra Mundial, la violencia callejera ideologizada como una expresión del descontento, por un lado, y del empowerment del uso de la fuerza como un método para conseguir posicionamiento y dominio, y también como método de defensa (ofensiva, muchas veces), ha estado ampliamente monopolizada por la Izquierda. Mientras que la Derecha o, mejor dicho, los antagonistas de la Izquierda, han dejado a las fuerzas de orden del Estado la responsabilidad de chocar físicamente con la Izquierda, esta última reclama con orgullo el dominio de las calles, y apunta a sus enemigos como pusilánimes que optan por la comodidad y la protección que les brindaba el status quo.

La hegemonía cultural de la Izquierda (décadas adelantada a través de un trabajo constante y riguroso por las instituciones sociales), y el hecho que sean los partidarios de la Izquierda quienes se ven en las calles haciendo activismo y manifestándose, ha permitido que esta ala política no sólo se sienta con el derecho a decidir qué cosa es correcta y cuál no, sino que también hace ejercicio de este derecho libremente y a su total arbitrio. No es que monopolicen la libertad de expresión, sino que, además, se sienten con el derecho a coartarla de manera violenta, sin sentir remordimientos y sin miramientos. Ejerce la violencia, y la sociedad justifica esta acción violenta ya que el trabajo cultural que ha realizado le otorga impunidad social. ¿Y sus enemigos? Se dedican a desdeñar actos “simiescos” ya que se consideran ellos mismos demasiado buenos como para hacer el trabajo “sucio”. Literalmente sucio, porque manifestarse por lo general ensucia las manos.

Con motivo de la realización de un homenaje a la Revolución Cubana en la Central Unitaria de Trabajadores, que desembocó en la posterior dictadura que ya todos conocemos, un grupo de disidentes al establishment de la Izquierda decidió manifestar su repudio en el mundo real y concreto, esto es, fuera del safe-space de las redes sociales, que parece ser la única tribuna que algunos conocen para manifestar lo que no es batalla cultural. Que se manifestaran provocó la reacción de las masas de Izquierda, y hubo algunos altercados menores fuera del recinto. Los medios de Izquierda extraparlamentaria se apresuraron a utilizar el término “lumpen de Derecha” para denominar a los manifestantes, dándole una connotación despectiva a las personas que se estaban manifestando.

Hablemos de “lumpen de Derecha”, y hablemos sin complejos. Podemos abrazar con orgullo el término inventado por la Izquierda y, al mismo tiempo, señalar el desprecio con el cual ésta se refiere a las masas, a las cuales considera como una ralea de andrajosos incultos. Esa manera despectiva de referirse a las personas es propia de aquéllos que temen y ven desde la distancia pues ellos mismos serían incapaces de ejecutar algo con sus propias manos. El desprecio al esfuerzo físico es propio de la Izquierda millennial y centennial que asume que el mundo cambió y el ser humano evolucionó, y sólo es válido hablar e insultarse por redes sociales, desde la seguridad y comodidad que ofrece la modernidad. Por otro lado, negar nuestra naturaleza homínida no sólo es pretencioso, sino también erróneo.

¿Es de simio/primitivo? Claro que sí: lo es. Pero también comer, aparearse e ir al baño. Pero también hay que mencionar un detalle importante: el infraorden de los Simios incluye, entre otras, a la familia Hominidae, a la que pertenecen chimpancés, gorilas, orangutanes y humanos.

Si la acción de los lumpenderechistas fue o no acertada en términos metapolíticos, es algo que poco importa, porque el objetivo de la acción era que se entendiera por sí misma. Otras instancias pueden ser también aún más útiles, inclusive, pero no quiere decir que haya que desdeñar otros campos de acción. El trabajo que realiza Letras Libertarias es metapolítico, es decir, crear, elaborar y tratar de posicionar las ideas dentro de la cultura de la sociedad, y como tal, continuaremos en esa senda. No obstante, somos capaces de reconocer que hay actos que pueden ir en contra de la alta moral de la civilización, pero también somos capaces de reconocer que el motor primordial de la Civilización fue el elemento barbárico, no la pusilanimidad ni el sedentarismo. Quizás el nacimiento de la Alta Cultura del Superhombre requiera un poco más que el apego irrestricto a convenciones sociales al tiempo que son violadas una y otra vez por quienes tienen las riendas de la cultura.

 

Por Letras Libertarias

Sitio libertario de reflexión contra la cultura establecida. Promovemos el pensar sin límites.

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