Política

Revolución cultural china, corrección política y Nueva Izquierda

 

Por Eduardo Cárdenas 

Cuando revisamos la situación actual del neo marxismo, en lo referente a su pretensión de generar una revolución en el plano cultural, todo esto nos parece relativamente nuevo y nunca antes intentado, pareciendo no tener ningún predecesor o paralelo, siendo todos los demás intentos de índole económica. Sin embargo, durante el convulso siglo XX se puede hallar un paralelo similar en la historia de China, específicamente durante las primeras décadas de la "República Popular", con uno de los episodios más curiosos, caóticos y sangrientos de la nación oriental, la llamada “revolución cultural china”.

Corría el año 1960 cuando el dictador Mao Zedong anunció que se iba a dar inicio una nueva revolución -la revolución cultural proletaria- cuya finalidad sería la de acabar con los denominados "cuatro viejos": las viejas costumbres, los viejos hábitos, la vieja cultura y los viejos modos de pensar. Para muchos, aquel anuncio constituía una buena nueva que debía ser proclamada de manera inmediata a los cuatros vientos. Sin embargo, la realidad resultaba mucho más compleja y, sobre todo, siniestra. Lo que, en apariencia, era un intento de profundizar en las metas revolucionarias del Partido comunista chino, en realidad era un proyecto que abarcaba más allá de lo económico y social, se hundía hasta los cimientos culturales del pueblo Chino interviniéndolos para finalmente destruirlos por completo. 

Para comprender mejor los afanes de esta “revolución cultural” debemos primero hacer un breve análisis de lo que es el pueblo Chino como cultura. Desde el año 403 a.d.c con la formación del primer estado unificado (reino de Jin), China venía manteniendo su ancestral cultura, con muy ligeros cambios, dependiendo de los diferentes periodos que atravesaran (algunos pese a ser convulsos no afectaron su estructura cultural), pese a que cada dinastía que se tomaba el poder entre una época y otra eran diferentes etnias tribales (algunas de credo islámico), la situación cultural del pueblo chino no tuvo grandes variaciones manteniéndose en una suerte de burbuja hasta comienzos del siglo XX con la última dinastía (Quing, de origen Manchú, etnia que habita la frontera con Rusia), la cual cayó en 1912. 

En ese momento, pese al cambio de sistema de un imperio monárquico a una república nacionalista militarizada, la cultura del pueblo Chino no se vio alterada, ya que tanto el nuevo presidente Sun Yat-sen como los líderes militares de la primera república venían del ya depuesto imperio o tenían lazos familiares con la nobleza, en especial el general Yuan Shikai, otrora líder de las tropas imperiales. Más tarde con la llegada del general Chiang Kai-shek al poder, pese a que China comenzaba con algunas transformaciones importantes estas tampoco alteraron la continuidad milenaria del longevo país. Incluso después de la invasión japonesa en el marco de la II guerra mundial, donde el ejército nipón se toma Manchuria y Taiwan anexándolos a su imperio, nada hacía tambalear la anciana y firme cultura ancestral china. Finalmente, al retirarse las tropas japonesas en 1945 y los chinos recuperar sus territorios, parecía que por fin conseguirían entrar a una nueva era de prosperidad, sin embargo, asechaba un enemigo mucho peor.

Para 1946, el Partido Comunista chino, que venía ganando terreno desde 1921, organizó una rebelión armada contra el gobierno nacionalista que estallaría en 1947 desembocando en la proclamación de la República Popular china el 1 de Octubre de 1949 quedando Mao Zedong como regente absoluto.

Pese a la imposición violenta del régimen comunista, las viejas tradiciones ancestrales seguían en pie, producto de más de mil años de existencia y preservación, lo cual se contraponía a los programas de reeducación del régimen; pronto, las autoridades del partido debieron apelar a una estrategia mucho más drástica, esta vez una que atacara directamente los cimientos culturales del pueblo chino, pues se dieron cuenta de que era la única forma de acabar con una cultura que había resistido más de mil años de cambios políticos, guerras, revueltas imperiales y todo tipo de alteraciones las cuales apenas habían dejado unas pocas abolladuras. Es de esta forma que en 1966 Mao Zedong anuncia el inicio de la “revolución cultural”.

Como mencioné más arriba, la revolución cultural significó todo un plan no solo de aniquilación de la sociedad de clases propia del capitalismo occidental; más allá de eso buscaba destruir por completo la cultura ancestral china, ya que Mao y el Partido Comunista veían en ésta el mayor impedimento para la reeducación de la población, sobre todo de las generaciones jóvenes. Lo anterior se tradujo en purgas políticas, exilios, asalto y destrucción de templos y lugares sagrados, ejecuciones masivas y un nuevo sistema de educacional basado en la destrucción de la historia, cultura, costumbres y en general el modo de pensar propio del pueblo chino; rápidamente el régimen intervino las escuelas, ejecutando al personal docente y sustituyéndolo por maestros leales al Partido Comunista, quienes enseñaban a los niños y jóvenes que la sociedad ancestral era “decadente”, “burguesa” y “atrasada”; los héroes patrios eran destruidos y negados (una costumbre impuesta en los colegios era escupir e insultar las estatuas e ilustraciones de los antiguos emperadores y líderes militares), la religión fue completamente prohibida y cualquier expresión espiritual por parte de algún estudiante era severamente castigada, no por el personal docente sino que por comisarios del Partido Comunista que tomaron el rol de los directores (los castigos iban desde golpes, electrochoques, mutilaciones y la ejecución, lo cual también aplicaba para los niños y sus familias); sumado a todo lo anterior también se buscaba eliminar el concepto “familia”, ya que el régimen tenía un plan de tutela estatal para todas las generaciones de menores y las venideras, asegurando así su continuidad a lo largo del tiempo.

Para asegurar que esto se cumpliera se les enseñaba a los menores a odiar a los padres y abuelos. Les decían que estos eran “revisionistas”, “burgueses” y “opresores”, que solo estaban para oprimir a los hijos y así contribuir a la esclavitud propia del capitalismo. Pronto los castigos públicos y las ejecuciones contra los mayores por mano de sus propios hijos y nietos se hicieron comunes, como consecuencia nefasta del programa de lavado de cerebro del régimen en las volubles mentes juveniles. En el caso de los adultos, quienes no fueron exiliados, apresados en campos de concentración o ejecutados fueron puestos en granjas de reeducación, lugares donde se les sometía a un total lavado de cerebro, enseñándoles que debían dejar sus antiguas vidas “corrompidas” por la decadencia y renacer como hombres nuevos al servicio del régimen.

Finalmente, la muerte de Mao Zedong en 1976 y el proceso de reevaluación de bases del Partido Comunista chino en 1981 dieron fin al periodo de revolución cultural.

Ahora revisemos las consecuencias de este caótico proceso. En primer lugar se perdió gran parte de la historia china, debido a los asaltos a lugares sagrados, tumbas, bibliotecas y palacios; las quemas de libros y la destrucción de obras de arte dejo un vacío considerable con respecto a la comprensión de la historia de dicho país.

En cuanto a la literatura, se perdieron una cantidad enorme de obras anteriores al régimen de Mao y la escritura tradicional china se vio afectada al punto que debió reestructurarse casi por completo producto de las “correcciones” impuestas por el Partido Comunista.

Sin embargo el saldo más nefasto fue la llamada “generación perdida”, una generación entera de individuos carentes de preparación educacional y laboral. Esto se explica con el programa educativo de la revolución cultural, el cual hacia primar la enseñanza de valores ideológicos por sobre aquellas materias puramente intelectuales y científicas consideradas “burguesas”. Una generación entera de jóvenes se vio así privada de la posibilidad de una educación superior más allá de la repetición de lemas revolucionarios. Esto dejo toda una generación improductiva y significó una situación de paralización educativa y tecnológica de China entre 1977 y 1990.

Dando un salto desde la época de la revolución cultural hasta nuestros días podemos encontrar un paralelismo nefasto entre el proyecto chino y las pretensiones del neo marxismo que precisamente busca generar una revolución cultural (pos)moderna mediante la imposición de la ideología de género, las leyes LGBTI, la deconstrucción sexual, educacional, familiar, histórica e identitaria con el fin de eliminar las bases de la cultura occidental y así poder alcanzar el objetivo del estado comunista, estrategia trazada por la escuela de Frankfurt en 1923 de la mano del italiano Antonio Gramsci y otros "pensadores" posteriores.

Pese a que desde entonces la estrategia cultural del neo marxismo aun no llega a un clímax tan nefasto como lo fue el experimento chino, ya avanza a pasos agigantados mediante organismos como la ONU y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, colándose así en los gobiernos a través del sistema judicial, los partidos de izquierda, los medios de difusión y el sistema educativo. Hablar de represión e incluso persecución dentro de este marco no es exagerado, ya que en la mayoría de los medios audiovisuales se puede percibir la censura ante determinadas opiniones, situación que se extiende también a los medios digitales (muchos han sufrido bloqueos y censura en Facebook debido a comentarios “políticamente incorrectos”), todo lo cual no deja espacio a dudas con respecto al hecho de que estamos sumidos en una suerte de dictadura del pensamiento, situación similar a la que sufrió China durante el periodo 1966 – 1981.

 

Bibliografía:


- “El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural” (Agustín Laje –Nicolás Márquez 2016)
- “La revolución cultural china” (Roderick MacFarquhar 2006)
- “El Libro rojo” (Mao Zedong 1964): este es el germen ideológico de la “revolución cultural” china, siempre es bueno conocer las perspectivas de nuestros contrarios y así lograr una mejor comprensión de cada tema.
- “Cisnes salvajes” (Jung Chang 1991). 
- “Mao: La historia desconocida” (Jung Chang 200)

Por Letras Libertarias

Sitio libertario de reflexión contra la cultura establecida. Promovemos el pensar sin límites.

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