Opinión

Progresismo: la incomprensión de Charlottesville en Chile

Constanza Cruz demuestra, en su nota sobre los incidentes de Charlottesville (Virginia), 1) que los periodistas se dejan llevar por informaciones superficiales, 2) que la visiones parciales se cuelan con facilidad en los medios considerados serios y 3) que no es posible confiar en la veracidad o imparcialidad de lo que informan los periódicos locales acerca de los hechos ocurridos en el extranjero.

En primer lugar, Cruz afirma que Donald Trump no condenó los incidentes a pesar de que el presidente de los EEUU sí lo hizo. ¿Cómo es que Cruz llega a contradecir los hechos reales? Ella se ha dejado llevar por los testimonios de la prensa internacional en lugar de constatar los hechos por sí misma. Una parte de la prensa angloparlante ha declarado que Trump «no condenó» los incidentes porque responsabilizó de la violencia a todos los grupos involucrados. Esta porción de la prensa considera que Trump solamente debería haber condenado la actuación de los nacionalistas (asumiendo que se puede resumir con este nombre uno de los grupos confrontados) y que, como no dirigió su censura de forma exclusiva contra este grupo, en los hechos no condenó la violencia. Se trata, por supuesto, de una interpretación mañosa e irreal de lo que verdaderamente dijo Donald Trump.

El presidente de EEUU no yerra al condenar ambos grupos, puesto que la escalada de violencia actual fue iniciada por los progresistas. Es posible decir que la misma marcha (planificada originalmente por nacionalistas) de Charlottesville fue una respuesta a la violencia desatada por grupos progresistas extremos contra las ideas y valores de los nacionalistas. Esta violencia ya había cobrado la vida de Zemir Begic el 30 de noviembre de 2014 en San Luis (Misuri). Alguno dirá que esta muerte tuvo lugar en el contexto de los saqueos de Ferguson (Misuri), que comenzaron después de que el policía Darren Wilson le disparase y matase a Michael Brown el 09 de agosto anterior. No veo cómo esto le quitaría valor a la vida de Begic, pero es un argumento que no me extrañaría encontrar. El caso fue visto como un evento de violencia policial y, además, de racismo. Pero la investigación judicial reveló que este caso era muy similar al del guardia del Metro que fue acusado de agredir a un hombre que no había pagado su pasaje: se trataba de acusaciones falsas que levantaron la indignación popular. Así que el panorama parece claro hasta aquí: los progresistas iniciaron una escalada de violencia sobre la base de acusaciones falsas y produjeron la muerte de Zemir Begic y de cinco policías. Los nacionalistas, mucho después, se organizaron para marchar contra la remoción de una estatua de Robert Lee en el Emancipation Park de Charlottesville. Ni siquiera estaban marchando contra los asesinatos cometidos por el movimiento progresista, sino que contra la remoción de una estatua. Pero los progresistas concurrieron en masa para «funar» esta marcha: como hacen a menudo acá en Chile contra los venezolanos.

Cruz, no obstante, alineada con la prensa progresista, afirma que la «funa» era, en realidad, una protesta antirracista. Claro: estos manifestantes, que concurrieron para funar a otros, se bautizan a sí mismos como «antirracistas» y la prensa no hace más que replicar lo que ellos afirman. Lo hacen contra la evidencia, por supuesto, dado que estos mismos «antirracistas» asesinaron a Zemir Begic el 2014 (y a cinco policías el 2016 en Dallas [Texas] y a varias otras personas durante los últimos años en EEUU) a causa de sus rasgos raciales. Los periodistas, no obstante, no son tan condescendientes ni cándidos cuando se trata de los nacionalistas: en este caso no transcriben de forma literal lo que ellos afirman de sí mismos y, de hecho, hacen una interpretación más realista con respecto a sus motivaciones de fondo. Y sería bueno que hicieran lo mismo con respecto a los progresistas. Sería bueno para la prensa, puesto que la haría más confiable. Las interpretaciones parciales y las historias tergiversadas son la causa, me parece, de eventos como el atropello de Charlottesville, en el que James Field utilizó un Dodge Challenger 2010 de su propiedad para darle muerte a Heather Heyer y herir a otras 19 personas. La emocionalidad irreflexiva y voluntariamente sorda con la que el progresista común aborda este tipo de hechos no ayuda a que otros solidaricen con su causa.

La actitud de Cruz puede complacer a quienes quieren creer que Trump es un tirano y que los nacionalistas EEUU son una organización de asesinos en serie a la vez que los progresistas son hippies ayunando por la paz mundial, pero este cuadro levantará sospechas en cualquier persona consciente de que la realidad no es tan sencilla y creará anticuerpos en quienes saben que Cruz está haciendo una interpretación antojadiza de los hechos reales. En mi opinión, no es Trump el que se está quedando solo (como afirma pomposamente Cruz en su título), sino los periodistas que intentan satanizarlo y los progresistas que justifican homicidios sobre la base de esta satanización.

Por Cristian Mancilla

Master of Philosophy. The Australian National University. Profesor de Latín y Griego Antiguo.

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