Opinión

Porcus in Missa

Nuevamente, entre la falta de televisor y la falta de interés, no vi la jornada festivalera. Así que no: no vi a Jani Dueñas. Más aún, hasta ayer jamás había oído hablar de ella (no uso Netflix, tampoco). Sin embargo, sí pude leer los comentarios en redes sociales, primero, y las noticias, después, en relación a la presentación de la humorista. No es mi interés criticar la presentación –que no vi– ni subirme al carro de la dudosa victoria de algunos.

Debo reconocer que, personalmente, no tengo nada contra el feminismo, pues lo entiendo como una de esas curiosidades propias de las civilizaciones que, en un ambiente más cómodo que el necesario para forjarse y consolidarse, dan paso a la búsqueda de bienestar para los grupos presentes dentro del perímetro de la civilización. Aun si fuera algo peligroso, digamos, como el comunismo o la democracia, igualmente no buscaría proscribirlo: cada cual es libre de tener las ideas que le parezcan bien. De la misma manera, cada cual es libre de reírse de lo que estime conveniente. Así, podemos establecer que no existe nada a priori que impida al humor feminista la posibilidad de existir.

A Jani Dueñas le fue mal, a Dino Gordillo le fue bien. Pero no nos adelantemos con las conclusiones apresuradas que tanto les gustan a algunos: si sesenta mil personas acudieran a ver a Iron Maiden, lo más probable es que el público abuchee a Bruno Mars o Justin Bieber en el caso que éstos se presentaran como teloneros. Ahora bien: ¿significa eso que la sociedad chilena rechaza a Bruno Mars o Justin Bieber? Quizás una manera de asegurar eso sería con una muestra representativa de la población, algo que es bastante difícil de conseguir en un espectáculo al cual el público asiste atraído por algún interés, lo que rompe con la aleatoriedad de la muestra.

Probablemente, Bruno Mars o Jani Dueñas triunfen en escenarios frente a un público afín a sus talentos, por lo que es un tanto tendencioso y poco serio hablar en términos que engloban a la población completa (o mayoritaria, en el caso de los que no quieren apostar tan alto en su especulación), por tanto, decir que “Chile se aburrió del feminismo” basándose en la reacción del “monstruo” en relación a la rutina de Jani Dueñas es, por decir lo menos, exagerado. Tal como se mencionó anteriormente, no hay certezas de que el público de la Quinta Vergara sea una muestra representativa de la población. Así que no: el feminismo no ha sido derrotado o, más exactamente, decir que éste ha sido derrotado porque el público (ese público) abucheó no es del todo inteligente.

Por otro lado, hay que ser buenos perdedores: Jani Dueñas fue abucheada. ¿Y qué? Ella abucheó[1] a Dino Gordillo (quien, por lo que leí, no presentó nada nuevo), así puede percatarse cómo es la situación cuando el receptor no gusta del mensaje que el emisor está enviando. No hay para qué culpar al público de ser atrasado, retrasado y poco evolucionado (como le encanta acusar a los discípulos de la igualdad y la lucha contra la discriminación) o de estar alimentado por la ultraderecha[2], sino aprender que en el mercado (y viendo el asunto desde la teoría subjetiva del valor), no todos tienen que gustar ni gustarán de tus productos, y que debes saber a qué nicho apuntar.

Por Francisco JavGzo

Arqueofuturista. Adorador de Ailuros.HBD. Anarcotribalista. Deep ecologist. V.I.T.R.I.O.L. 14888

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