Politica

Porqué muchos critican a Gloria Álvarez por ser progre

Porqué muchos critican a Gloria Álvarez por ser progre, y porqué tienen razón en hacerlo.

Este año se ha concretado un giro inesperado a la derecha en Sudamérica. Tras los triunfos de Piñera y de Macri, se ha sumado el reciente triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil. Este último sin embargo tuvo características similares al triunfo de Trump que lo distancian de los anteriores. Desde un principio fue fuertemente asediado por la prensa progresista, quienes a través de frases de años anteriores no se demoraron nada en enmarcarlo como racista, machista y homofóbico, enemigo de las minorías. Una estrategia idéntica a la sucedida en el país del norte.

Más allá de discutir esas calificaciones, por el momento diremos que lo concreto es que al final Bolsonaro se terminó imponiendo, y por paliza. Lo cual es un gran triunfo geopolítico, que lapida para siempre el Foro de Sao Paulo y el Socialismo de siglo XXI. Esto es una gran noticia para nuestra región, devastada por gobiernos socialistas y populistas que transformaron a los pobres en sus clientes y los tenían mendigando subsidios generando dependencia de los políticos y manteniendo a nuestros pueblos en la miseria clientelista. Sin mencionar la enorme red de corrupción a través de empresas estatales brasileñas que financiaban a sus aliados en otros países, desperdigando el cáncer por toda Sudamérica. Parecía que nunca íbamos a salir del estancamiento y la pobreza, el giro sin duda marca un término de esta tendencia y enhorabuena que así sea.

Pero no todos estaban contentos con este derrumbe de la izquierda latinoamericana, al disconforme público socialista, todavía añorando la figura de Hugo Chávez o la patria bolivariana, se sumó una porción de los círculos liberales, desde su inmaculada percepción de lo que es ser un verdadero liberal,  indignados que otros cercanos a sus filas pudieran apoyar a alguien como Bolsonaro. Liderados por gente como Gloria Álvarez -otrora referente del sector liberal hoy devenida en recitadora de panfletos sin sustancia-, se dedicaron a repartir carnet de liberal y manifestar que Bolsonaro era lo mismo que Chávez, desmarcarse e insistir que un verdadero liberal “no se mete en la cama ni en la billetera de los demás”, denunciando a todos quienes se escaparan un poco de esta ortodoxia de ser conservadores retrógrados y fascistas. Vamos a examinar todo esto paso a paso.

LIBERALISMO MÁS ALLÁ DE LOS PANFLETOS

Estos liberales dicen que “la libertad es una", en forma despectiva contra los sectores de libertarios derecha, haciéndonos entender que para ser verdaderamente libres tenemos que tener la libertad no solamente de comerciar con quienes queramos, pero además, acostarnos con quienes queramos, y que apoyar candidatos tipo Bolsonaro que presuntamente reprueban la homosexualidad es una trasgresión de este principio, “no se puede ser liberal sólo en lo económico” afirman. Gloria Álvarez en particular, para desmarcarse del presidente brasileño ha dicho lo siguiente: “Así como los libertarios apoyamos la libertad económica absoluta, los libertarios también apoyamos la libertad individual absoluta, por eso, es que tenemos problemas con la derecha porque no somos conservadores, no buscamos suprimir la libertad de expresión ni la libertad de la diversidad sexual (…) la libertad como una sola significa responsabilidad” [1].

Sobre esto cabría decir varias cosas: En primer lugar, si nos tomamos en serio el asunto y vamos más allá de consignas políticas, es falso que exista una separación tajante entre la libertad “en lo económico” y una libertad “en lo valórico/moral”. La libertad económica es también inherentemente valórica y moral. Consiste en aceptar marcos jurídicos o de comportamiento basados en el principio de la propiedad privada y la no agresión, los cuales devienen en intercambios comerciales mutuamente beneficiosos, por sobre como era antes donde en lugar de comerciar era más común romperle la cara al prójimo para robarle. Ningún acuerdo comercial opera al margen de un contexto moral en un tiempo/espacio determinado, así como tampoco ninguna actividad sexual. Aquel espacio en común en el que se fundan las libertades es la cultura y la tradición, que tal y como observaron Friedrich Hayek, Raymond Aron o Edmund Burke tiene un rol que no puede ser desestimado.

Es fácil de observar lo falaz y superficial de la proposición de que si uno “se mete en la cama o en la billetera” de los demás no es liberal, al seguir la consecuencia lógica de una actitud así preguntándose ¿Implica acaso que se debe aprobar que un niño de 8 años se venda sexualmente a cambio de drogas o dinero? ¿El incesto? Lo más probable es que la mayoría liberal diría que no, entonces la discusión es acerca de qué instituciones permiten la mayor libertad individual y autonomía, siendo las principales la Propiedad Privada y la Familia. Es una contradicción proclamar la “libertad absoluta” como hace Álvarez y al mismo tiempo proclamar la responsabilidad, que justamente implica la disciplina en el ejercicio de la libertad. Entrar al mundo real es entrar al mundo de las limitaciones.

En segundo lugar en la derecha nadie se opone a que personas adultas -es decir, capaz de dar consentimiento informado y voluntario- se acuesten con otros adultos, independiente del sexo y del número. A lo que sí nos oponemos es que estos mismos adultos, la gran mayoría incapaces de formar relaciones monógamas estables o vidas responsables, usen la política y el poder coercitivo del Estado para subsidiar, promocionar e inculcar comportamientos sexuales en la sociedad general, y en particular, los niños y jóvenes. ¿Quieres tener una orgía y vivir tu "amor" libremente? Bien, pero hazlo en la privacidad de tu propiedad. Pero alardear tus preferencias y comportamientos sexuales al resto del mundo, demandando que lo acepten y lo celebren a punta de leyes no es libertad, es tiranía e ingeniería social.

A esta pretensión por parte de la izquierda progresista de meterse en los colegios y enseñar códigos morales progresistas a niños bajo el engaño de una supuesta educación sexual, que como consecuencia lógica no ha logrado reducir en lo absoluto la epidemia de enfermedades venéreas presentes en países como Estados Unidos [2], es a lo que se opone Jair Bolsonaro, y enhorabuena que así sea. No es en sí mismo una trasgresión a los principios liberales estar contra el adoctrinamiento de género en los colegios con fondos públicos, más bien debería ser la norma sacar al Estado de la educación.

TONTOS UTILES DEL PROGRESISMO

La izquierda progresista, en el que ha sido su verdadero cambio paradigmático de los últimos tiempos, ha proclamado desde sus elites en Estados Unidos y Europa abiertamente su deseo de defender las arbitrariamente elegidas “minorías” como grupos oprimidos por sobre su cliente político tradicional que siempre fue el proletariado. Sobre esta base conflictúan hombres contra mujeres, blancos contra negros, heteros contra homosexuales y cisgéneros contra trans, con el objetivo de instalar que existe una sociedad profundamente patriarcal, heteronormada y blanca. Esto lo hacen con tácticas como denuncias falsas de acoso que buscan transmitir que durante mucho tiempo “naturalizamos” aquella violencia invisible que ahora estamos viendo. Mientras más pánicos morales se levanten, mejor para la causa.

Muchos, en lugar de generar críticas razonables a algunas propuestas del candidato brasileño cuestionables -como aquellas relacionadas con el combate a la delincuencia-, no se demoraron nada en caer en las mismas monsergas progres descargadas de los medios tradicionales como CNN, señalando de forma repetitiva e incansable el rampante “machismo”, “racismo”, “homofobia” o el conservadurismo desatado de la “extrema derecha” que buscaría acabar con las libertades individuales. De alguna forma extraña la elección brasileña se puso “yanqui”, hubo campañas feministas como el hashtag #EleNao e incluso aparecieron referencias al Ku Klux Klan. Campañas que por cierto no sirvieron de nada, pues Bolsonaro obtuvo una alta votación entre mujeres y negros.

Es entendible que un liberal sienta reparos con un candidato que quiera enviar a la cárcel a homosexuales, promover el supremacismo blanco, volver a un Estado confesionario o perseguir a la prensa coartando la libertad de expresión. Pero Bolsonaro no ha propuesto nada similar. Recortar los fondos estatales a la televisión abierta no es coartar la libertad de expresión. Más bien su programa era una loable y necesaria colección de privatizaciones, reducciones de impuestos, de ministerios y de gasto público. Cabe recordar que el liberalismo implica la reducción del Estado, no de la moral. Se puede perfectamente tener una objeción moral frente a una conducta –como la homosexualidad-, la cual mientras no se traduzca en leyes forma parte de la opinión subjetiva de cada uno. Por ende, aún en el caso que un “ultraderechista” efectivamente sea machista u “homofóbico” en su vida privada, eso no lo transforma automáticamente en un enemigo de la libertad como nos quieren hacer entender los liberales progresistas.

El hecho que Gloria haya caído en la superficialidad vacía de denunciar todos los micromachismos y repartir fobias, enfocando la elección tal y como lo hicieron los medios progresistas en frases algunas incluso de hace más de 10 años de antigüedad para mantener purificado su “liberalismo que no es de izquierda ni de derecha”, en lugar de analizar detenidamente el programa de gobierno en el cual no había ningún machismo presente, habla muy mal de su capacidad analítica y más bien la deja al nivel de un comediante de Stand Up común y corriente. Lo anterior además habla muy mal de su comprensión de la izquierda posmoderna y sus nuevas categorías de lucha ideológica, las cuales está utilizando y avalando sin darse cuenta. Ellos instalan que existe una “ultraderecha” y Gloria Álvarez lo repite, a pesar de tratarse de un error conceptual y doctrinario. Las feministas posan desnudas en Instagram denunciando el conservadurismo patriarcal que “cosifica” el cuerpo femenino y no les permite vivir su sexualidad libremente, Gloria Álvarez también. Los LGBT marchan por la diversidad y contra la discriminación, Gloria Álvarez marcha también, ¿No es la discriminación, o lo que es lo mismo la libertad de elegir quién entra a tu propiedad en base a criterios propios, la base de un esquema social que respete genuinamente la propiedad privada, como diría el mismísimo Murray Rothbard [3]?

En resumen, podemos ver que ella quizás haya sido referente para combatir a la vieja izquierda, aquella que está muriendo, que proponía estatizar buena parte de la economía y mantener a los pobres como clientes, pero con respecto a la nueva izquierda, Gloria no tiene idea de dónde está parada. Para analizar a la nueva izquierda cabría escribir otra columna, por el momento diremos que numerosos pensadores ya han buscado superar el ideal del “socialismo real” y reemplazarlo  bajo los nuevos parámetros deconstruccionistas, escribe Luis Heinecke: “Evidenciando una expresa finalidad político revolucionaria y de acuerdo a los parámetros del deconstruccionismo, Félix Guattari conforma un sistema teórico-práctico de carácter estratégico destinado tanto a superar el referente histórico del “socialismo real” como a definir una “nueva política revolucionaria”. Rechazando toda disociación entre acción social o política y práctica analítica, siguiendo el diseño y lógica de Gilles Deleuze, Jacques Derrida, Jean Francois Lyotard, y Michel Foucault, Guattari procura la “fundación de otra política”, la cual debe conducir a “pensar y vivir de otra manera”, además de permitir la “recomposición del movimiento””[4].

CONCLUSIÓN: FIEBRE PROGRE

Existe otra porción de gente que, al igual que Gloria, piensan que Bolsonaro es lo mismo que Chávez, que va a desmantelar las instituciones, acabar con la democracia y las libertades individuales. Gente que por supuesto no ha leído su programa. Esta situación se da de forma idéntica nuevamente a la elección estadounidense, donde se pronosticaban las 7 plagas del apocalipsis si salía electo Donald Trump, cosa que por cierto, nunca sucedió.

Brasil experimentará cambios fuertes pues se pretende ir al núcleo del poder de la corrupción brasileña, que son las empresas estatales y el clientelismo estatal, y tiene propuestas duras con respecto a la delincuencia, pero no se observa nada similar a acabar con la democracia y establecer una teocracia fascista. Es un error de diagnóstico garrafal leer los movimientos de derecha de la actualidad con los movimientos fascistas durante el siglo XX.

Ya va siendo hora que los autodenominados referentes liberales latinoamericanos se actualicen con respecto a las nuevas contiendas ideológicas que de a poco van influyendo en nuestro continente para no quedarse en el pasado. Cosas como la guerra de los pronombres trans en la que se vio envuelto el famoso psicólogo clínico Jordan Peterson, los análisis del posmodernismo de Stephen Hicks, las supuestas “leyes contra el odio” que terminan siendo agresivas con la libertad de expresión con las que la gente es enviada a la cárcel por comentarios en redes sociales, la creciente intolerancia de los campus universitarios que logra que profesores sean despedidos por no unirse a la ortodoxia progresista, los “espacios seguros” que han socavado los principios de la Universidad como espacio e intercambio de ideas, el multiculturalismo que ha hecho crecer la conflictividad en las naciones o los resultados de décadas de políticas feministas en países desarrollados que han ido en desmedro de la igualdad ante la ley tal y como ha estudiado Christina Hoff Sommers, son sólo algunos temas que deberían empezar a ser estudiados. Todo lo anterior si no quieren terminar en la poca erudición como Gloria Álvarez analizando sobre la base de categorías instaladas por el progresismo, claro está.

 

Fuentes:

[1] https://www.youtube.com/watch?v=TJKcXpSfxQE

[2] https://www.breitbart.com/politics/2018/10/16/pediatricians-after-40-years-of-comprehensive-sex-ed-in-schools-why-are-stds-at-epidemic-levels/

[3] Murray Rothbard, Manifiesto Libertario, p.274

[4] Luis Heinecke Scott, Método de Intelección Estratégica, página 469

Por Nicolás Palma

"Libertario de derecha, seguidor de Hans Hermann Hoppe y Jordan Peterson. Ingeniero Comercial que le gusta leer".

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