Política

‘Necesariamente conflictivo’. Una crítica al sujeto político nacionalsocialista

Las categorías de sujeto político disponibles para una filosofía o cosmovisión son muy limitadas y muy pocas, pero sus características internas nos muestran las necesidades históricas del desarrollo de ciertas posturas llevadas a la práctica. Desde este punto de vista analítico respecto de los sujetos a los que las ideas intentan congregar, es fácil entrever que el fracaso del socialismo marxista se basa, más allá de las consideraciones de la ciencia económica y la antropología, en términos históricos de apelar precisamente al sujeto fracasado y su antagonismo con la realidad de los, incluso, medianamente exitosos. Así también podemos observar que el sujeto político (o los sujetos políticos) del nacionalsocialismo posee –como categoría lógica de análisis– ciertas características internas que lo llevan a un antagonismo o conflicto constante, y es que está definido de forma “no-expansiva”.

En mi teoría del sujeto revolucionario del capitalismo burgués, la principal observación es aquélla que el burgués occidental es una categoría social de clase expansiva y con carácter totalizante. Dicho de otro modo, una sociedad capitalista dominada por valores burgueses va a ir convirtiendo necesariamente tanto a las demás capas de la sociedad como a los países vecinos en burgueses también, lo que resulta en una disminución progresiva de los niveles de antagonismo que se puedan generar en sentido bioétnico o infraestructural.

Por otro lado, el sujeto político nacionalsocialista genera barreras étnicas, nacionales y de clase de tipo excluyentes, divisorias y separatistas. Debido a esto, el problema es de alguna manera el mismo que tienen los colectivos de género: la infinita subdivisión de las categorías. Así como vemos que la sigla LGBTTTIQQAPP sigue creciendo y creciendo pues necesita incluir cada vez más categorías debido a la naturaleza que todas ellas comparten como categorías históricamente dispuestas para excluir y dividir, lo mismo pasa con las categorías étnicas o nacionales que pueden subdividirse hasta llegar a la familia nuclear al considerar que cada biogrupo está en necesario conflicto con los demás biogrupos por el espacio y los recursos. El sujeto político nacionalsocialista existe motivado exclusivamente por su conflicto dentro del marco de las categorías biosociales que lo rodean.

A diferencia del sujeto revolucionario del capitalismo burgués, que es individualista y existe en tanto al hombre libre se le permita políticamente la persecución de sus objetivos individuales siempre y cuando se haga cargo de sus consecuencias, el sujeto político NS no tendría, no debería ni podría tener objetivos puramente individuales. Lo anterior levanta la pregunta, ¿cuál es la motivación del sujeto NS frente a la solución de todos sus conflictos? El móvil de vida puede tener dos respuestas: la primera, es que dejaría de ser un sujeto nacionalsocialista para pasar a ser un sujeto de otro tipo; o, la segunda, lo más probable es que vuelva a subdividir la categoría biosocial a la que pertenece para generar un nuevo conflicto como motivación de vida.

Probablemente, a la anteposición de la “lucha de razas” de Alfred Rosenberg (véase El Mito del Siglo XX) como el motor del mundo frente a la “lucha de clases” de Karl Marx, le falló un aspecto más predictor del futuro, un modo a prueba de fallos: ¿qué pasaría si su llamada “lucha de razas” no se manifestaba en la forma que había sido prevista, es decir, un conflicto frontal de razas contra razas, escalándolo hasta una guerra? Mientras que en para el caso del nacionalsocialismo la búsqueda del espacio vital llevaba necesariamente al conflicto esencial por el suelo debido a que éste era estrictamente necesario para la supervivencia del Volk, el avance del capitalismo no requiere del conflicto pues su conquista no es de suelos, no es de unos sobre otros, sino de la implementación de una hegemonía por sobre las otras que, curiosamente, puede lograr la síntesis con otras ideas. Inclusión más que exclusión, un conflicto cuya “derrota” no es perecer y cesar la existencia para dar el triunfo al ganador, sino que ser colonizado ideológicamente, pero aún así mantener modos y maneras, mantener el territorio y mantener, incluso, gran parte de la cultura.

Como podemos observar a partir de todo esto, el sujeto político colectivista aunque etnocéntrico no tiene opción alguna para dejar de encontrarse en constante conflicto con su entorno a menos que decida dejar de ser tal, en contraposición el sujeto político burgués del capitalismo, que no requiere del conflicto sino, por el contrario, requiere de la ausencia de éste para poder vivir como tal.

Por Sebastián Izquierdo

Líder y fundador de Capitalismo Revolucionario. Youtuber Político. Músico compositor.

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