Opinión

Lisa Feldman y la violencia verbal

Foto Lisa Feldman (http://www.oneyoufeed.net)

 

Muchas veces, resulta decepcionante que personas “razonables” reduzcan todo al sexismo, la xenofobia y el machismo. Y es que de pronto, para un sector minoritario de la izquierda liberal (v.g.: Evópoli, que, aunque ubicado a la centroderecha chilena, sus temáticas responden a las demandas propias de la centro-izquierda progresista a nivel mundial), Hans-Hermann Hoppe sería un “neo-fascista” y los libertarios “ultraconservadores disfrazados”, demostrando, en efecto, que de filosofía liberal entienden nada. Así, argumentos de académicos como Steven Pinker (psicólogo experimental de la Universidad de Harvard, EE.UU) o Jordan Peterson (psicólogo clínico de la Universidad de Toronto, Canadá) quedan automáticamente invalidados ante el peso de las trancas personales. Esta situación me recuerda las palabras de un militante de Evolución Política (Evópoli) en twitter quien declaraba hace poco: “no tienen que elucubrar tanto, simplemente digan que son racistas, xenófobos y homofóbicos de entrada. Da pena tanta justificación racional”, cuestionando a quienes, en una oportunidad, mostraban su visión con argumentos razonados.

Para un liberal clásico, un libertario o un conservador de la nueva derecha, no existiría problema alguno si un colegio particular, por ejemplo, haciendo uso de sus dependencias y practicando la libertad de enseñanza, enseña la temática trans y construye espacios que les brinden cierta "seguridad". El problema viene, cuando, desde la educación estatal (llamada eufemísticamente "pública", como si lo privado no fuese también para el público), entendida “como proyecto integrador y de inclusión”, se instalan discursos que más que comprometerse efectivamente con una mejora sustancial en la calidad de la educación —esto es, entrenar las capacidades cognitivas del estudiantado— se dedican a “aleonar” a nuevos cuadros políticos y a explotarlos con una mirada completamente sesgada de la realidad.

Así las cosas, resulta difícil entender las demandas de la gente de Evolución Política (Evópoli), quienes identificados como un partido “liberal”, proponen intervenir la propiedad privada —y, junto con ello, violar la autodeterminación de los individuos— bajo la justificación del “discurso de odio” y la “violencia simbólica”. Esto probablemente con el fin conectarse con un electorado vinculado a la diversidad sexual y no por un ejercicio crítico de aquel. Eso al menos es lo que inquieta a partidos y grupos políticos de esa sensibilidad. Bueno o malo lo juzga usted, pero es pertinente tener claro desde donde vienen estos argumentos y hacia dónde van.

Cabría, por lo tanto, distinguir la violencia física de la violencia verbal. Para la filosofía libertaria la defensa de la libertad consiste en un marco ético-jurídico apropiado que salvaguarde la integridad de las personas, tanto en un escenario de violencia física cuanto bajo la justificación de amenaza creíble. Esto se distancia de propuestas como las de la psicóloga norteamericana Lisa Feldman, quien propone que la violencia verbal podría ser equivalente a la violencia física. El argumento que presenta Feldman dice más o menos así: los "discursos de odio" generan estrés, el estrés "prolongado" genera un "daño físico" y, por lo tanto, es imperativo prohibir los "discursos de odio", dado que generan, al final, un daño físico. [1]

¿Es razonable un planteamiento así? Tenemos la convicción que no. El problema con este argumento es que deja abierta una grieta para que la narrativa posmoderna instale arbitrariamente quiénes son las personas susceptibles de sufrir "violencia" (porque, como ya vimos, la disyuntiva "violencia física/violencia verbal" quedaría superada) y quiénes no. Así, una persona que no encaje en el canon de la minoría oprimida de turno, por mucho que sufra el agobio de la cultura de las funas, será evaluado en función de su identidad social y no por las circunstancias particulares. Porque tengamos algo claro: toda la narrativa actual tiene fines políticos. De la misma manera que el socialismo decía preocuparse de los "obreros", hoy existen sociólogos, periodistas, activistas y comunicadores sociales experimentando preocupación por los inmigrantes, la diversidad sexual y otras identidades colectivas. Bien cabría recordar las palabas de Jordan Peterson, quien dice: “las leyes de discursos de odio son incorrectas. La pregunta, no una pregunta, sino la pregunta, es: ¿quién define el odio?

 

Notas.

 

Por Letras Libertarias

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