Política

La desnudez de la memética refleja la oclocratización de la política chilena

Cuando el Gran Bob Pataki –en “Spelling Bee”, el episodio N°28 de la primera temporada de Hey Arnold!– quiso lanzar un comercial para ser transmitido por televisión, no se le ocurrió nada más atractivo que prometer localizadores gratis en caso que su hija Helga no ganara un concurso:

I'm Big Bob Pataki, the beeper king. Remember: We'll beat any advertised price, unless it's lower. Come on down to our beeper emporium this Saturday for our annual spelling bee sale: if my daughter Helga doesn't win the contest, you get your first beeper free!

Como podría esperarse de un episodio de dibujos animados –y también de la vida real, no muy alejada de los dibujos animados–, Helga no ganó, y se desataron disturbios urbanos de gente exigiendo sus localizadores gratis. Si las multitudes necesitaban o no ser localizadas (razón por la cual existían los beepers), probablemente importe poco en esta historia; lo realmente fundamental de todo esto es la idea de gratuidad sobre la que se levantaban las esperanzas de las multitudes, más allá si era importante hacer que Big Bob diera cumplimiento a su promesa.

Motivación de las masas: cosas gratis.

***

En su ya bastante célebre libro de 1976, El Gen Egoísta, Richard Dawkins introduce el concepto de ‘meme’ dentro de la cultura popular –casi como un nuevo Nicolas Camille Flammarion, esta vez, de la genética–:

El nuevo caldo es el caldo de la cultura humana. Necesitamos un nombre para el nuevo replicador, un sustantivo que conlleve la idea de una unidad de transmisión cultural, o una unidad de imitación. «Mímeme» se deriva de una apropiada raíz griega, pero deseo un monosílabo que suene algo parecido a «gen». Espero que mis amigos clasicistas me perdonen si abrevio mímeme y lo dejo en meme.

(…)

Ejemplos de memes son: tonadas o sones, ideas, consignas, modas en cuanto a vestimenta, formas de fabricar vasijas o de construir arcos. Al igual que los genes se propagan en un acervo génico al saltar de un cuerpo a otro mediante los espermatozoides o los óvulos, así los memes se propagan en el acervo de memes al saltar de un cerebro a otro mediante un proceso que, considerado en su sentido más amplio, puede llamarse de imitación. Si un científico escucha o lee una buena idea, la transmite a sus colegas y estudiantes. La menciona en sus artículos y ponencias.

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Si pudiéramos resumir la idea de ‘meme’ in-a-nutshell, esta unidad de transmisión cultural contendría una información mínima, básica, y que logra “comprimir” todo un concepto en algo recordable, transmisible y repetible. Por tanto, la memética iría más allá de unos cuantos involuntariamente célibes niños rata desafiando cibernéticamente lo correcto usando  imágenes en redes sociales, librando “batallas” digitales propias de sociedades cómodas y ociosas producto de altos índices de bienestar.

Junto con la implementación de la democracia como forma de gobierno, el liberalismo como forma de ver el mundo y la universalización del concepto occidental de la libertad como leitmotiv, la modernidad ha avanzado a través de distintas manifestaciones, las que han ido mutando –para bien o para mal– en función del tiempo.

La democracia liberal, al menos en Chile, ha llegado a su punto de inflexión, enfilándose cuesta abajo hacia la vulgaridad, reduciéndose el complejo entramado ideológico que justificaba la existencia de los partidos, a una pobre caterva de conceptos alineados en torno a un eje temático. De esta manera, estamos presenciando la autofagotización de las élites de la política, entregadas a un acelerado proceso de oclocratización manifestado a través de la desnudez de la memética que subyace a las ideologías políticas. Estas élites, desesperadas por seguir manteniendo el poder bajo control (legitimado en la aprobación de las mayorías), han terminado por ceder frente a las demandas de los grupos de interés, los que ejercen presión cultural sobre las masas para que éstas se abanderen con sus ‘memes’, los hagan suyos, y manifiesten este apoyo a través del sufragio.

Sin duda alguna, las ideologías siempre han justificado intelectual y políticamente a estas unidades de transmisión cultural, sobre las cuales se elaboran pensamientos, manifiestos, doctrinas, objetivos, proyectos y coherencias, es decir, se pone en funcionamiento toda una estructura humana consciente –un verdadero ejército de pensadores y académicos– detrás para que otorgue una razón-de-ser para hacer de estos ‘memes’ una causa de multitudes.

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No obstante, conforme ha aumentado el respaldo izquierdista al “empoderamiento” ciudadano (entre comillas, ya que empowerment[1] apunta a la facultad de alguien), es decir, la apología intelectual a los movimientos de masas que buscan vías informales, y a veces, también anticonstitucionales, para el establecimiento de sus demandas legitimadas en el número, también aumenta el grado de desnudez de los ‘memes’ que subyacen a las doctrinas políticas y las causas. Hablando concretamente: no importa en lo absoluto las justificaciones (pseudo-) económicas y (pseudo-) sociales tras, por ejemplo, NO+AFP: lo que importa es satisfacer las demandas de justicia (“yo no sólo quiero ganar más, quiero que las AFPs no ganen en lo absoluto”; “sistema de reparto”) e igualdad. La desnudez de la memética –el alma de las ideologías– es el triste indicador de la inanición que sufre directamente la democracia y luego el republicanismo, desnutrición que aumenta a medida que las masas se vuelcan en revueltas límbicas para la consecución de lo que sea necesario para hacer sus ‘memes’ realidad. 

De este modo, esta crisis de la democracia liberal que pone en jaque al planteamiento de todas las ideologías y del esfuerzo intelectual y metapolítico detrás de éstas, deberá ser respondida a través de una contraofensiva de guerra de 5ta generación; en otras palabras, una guerra de guerrillas donde entra en juego la manipulación directa del ser humano a través de su parte neurológica. Una contraofensiva que utilice la metamodernidad pero que no se limite a ella, pero que definitivamente trascienda a los esquemas políticos como eran conocidos hasta el momento.

 

 

Notas.

[1] Hasta hace algunos años (ocho, quizás), la palabra empoderamiento ni siquiera figuraba en el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Recuerdo que en el proceso de mi tesis para la obtención de grado académico, las palabras empowerment y self-empowerment poblaban los papers e informes que tuve que leer. En ese momento, la traducción de empower era ‘facultarse’. Así de sencillo. Hasta la 22ª edición del Diccionario de la lengua española,  la palabra ‘empoderamiento’ brillaba por su ausencia.

Curiosamente, han sido los mismos cientistas sociales de Izquierda –es decir, casi la totalidad de los cientistas sociales del país–, a primera vista reacios a los términos y a la academia anglófona, los que han introducido estos términos. Otro ejemplos emblemático es “hacer sentido”, pésima traducción de “make sense”. Las cosas tienen sentido, no hacen sentido.

Por Francisco JavGzo

Arqueofuturista. Adorador de Ailuros.HBD. Anarcotribalista. Deep ecologist. V.I.T.R.I.O.L. 14888

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