Opinión

La cobardía y deslealtad del gobierno de Piñera

Existen puntos de inflexión que lo hacen a uno darse cuenta que se ha pasado el umbral de lo aceptable, la reciente salida de Mauricio Rojas del Ministerio de las Culturas fue una de ellas. Rojas pasó años en círculos de derecha hablando bien de Piñera, le escribió dos libros, lo entrevistaba mostrándolo como un gran estadista, solía ir a eventos de Evopoli a dar charlas, a contar su historia y era aplaudido por hacerlo, a cambio Piñera le dio su confianza y lo hizo redactar sus discursos, ambos se beneficiaban de esa alianza.

Pero dicen que en los buenos tiempos todos están presentes, y que son los malos momentos los que demuestran quiénes realmente están contigo, ahí se ve la calidad de las personas. Llegó entonces el mal momento, pues se le vino la izquierda cultural encima a Rojas al asumir el ministerio por unas frases suyas sacadas de sus libros. Nadie puede decir que no se veía venir, Mauricio ha mantenido siempre una postura de criticar dictaduras de todos los colores, pero al mismo tiempo ha dicho que se debe contar la historia completa, él jamás ha minimizado o avalado violaciones a DDHH, sólo ha dicho que el museo muestra una parte de la realidad, importante por cierto, pero no toda la realidad. Cualquiera con un mínimo de rigurosidad con su trabajo debe reconocer esto.

¿Y qué hizo Piñera, qué hizo Evopoli? Le dieron la espalda. Sólo duró 3 días. Le dieron la espalda a quien estuvo por años con ellos, en sus círculos, apoyándolos, mostrándoles sus historias de converso y redención. La izquierda quería verlo caer hace tiempo, y como ha sido la tónica de este Gobierno bastó con que presionaran un poco para que Piñera cediera, no importó nada que fuera Mauricio Rojas, el amigo de siempre, el del libro “Conversando con Sebastián Piñera”. Ahora van por Ampuero.

Esto en todo caso no es algo nuevo, la tendencia de este Gobierno ha sido la de gobernar con miedo a la izquierda, sin principios, ni una hoja de ruta clara, ni un sueño de país, a la deriva de las encuestas, contradiciendo a sus votantes para estar 8 años sentados en La Moneda y nada más. No han tocado ninguna gran reforma de Bachelet, tras la enorme paralización de LAN o el cierre de Maersk sale el ministro del trabajo a decir que la reforma laboral “llegó para quedarse”. Empezaron diciendo que iban a bajar los impuestos, luego que los iban a mantener, ahora quieren subirlos. Quieren regular Uber. Han pasado leyes liberticidas como prohibir las bolsas plásticas, que no sirve para nada si el 95% del plástico de los océanos viene de Asia y África. Ponen como prioridad la agenda de género por una película, cuando eso no es una prioridad para nadie en el país ni los eligieron por eso. Aceptan sin matices toda la verborrea deconstruccionista que trae consigo la ola feminista, siendo la ministra Isabel Plá más activista que lo que habría sido la propia Claudia Pascual, quien incluso se da el lujo de enaltecer a la ex presidenta Bachelet. ¿Qué diferencia a este gobierno de un gobierno de izquierda, de un Bachelet 3.0? Y hablando de Michelle, que fue elegida como alta comisionada de los DDHH en la ONU, un cargo totalmente inmerecido por su gestión en el Sename, ocurre lo "impensado", el Gobierno se limita simplemente a darle buena suerte. Ni siquiera hubo una presión para que condene las violaciones a los DDHH de sus amigos en Cuba y Venezuela, nada.

Durante mucho tiempo me pregunté si esta tendencia de los piñeristas a vender hasta el alma a la izquierda por conservar sus asientos en La Moneda es por cobardía, por falta de convicciones y principios, o porque sólo les interesa el dinero, hoy pienso que son todas las anteriores. Traicionar a los votantes es una cosa, lo hacen todos los sectores políticos, pero traicionar a los amigos por las encuestas es algo que sólo las personas más frías y calculadoras pueden hacer sin reparos. Si la izquierda cultural es capaz de presionar para pegar con éxito en el corazón de la derecha y sacarla barata es porque ya no hay vuelta atrás y pueden conseguir mucho más, el poder hoy, pese a no estar en el Gobierno, lo tienen ellos. Lo mejor que puede hacer alguien verdaderamente de derecha, que realmente tenga una visión país, o una convicción más allá de las encuestas y principios morales irreductibles es, por ahora, dejarlos caer. De Sebastián Piñera nunca se debió esperar nada. Hay que articularse y buscar una real alternativa con cojones, y despedirse para siempre de la cobardía de quienes venden hasta a los amigos por tener más plata.

Por Nicolás Palma

"Libertario de derecha, seguidor de Hans Hermann Hoppe y Jordan Peterson. Ingeniero Comercial que le gusta leer".

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