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La anorexia intelectual de la derecha frente al avance del feminismo

 

Por Nicolás P.

Estas últimas semanas hemos visto en Chile un auge del feminismo, impulsado por escándalos internacionales como al caso de Harvey Weinstein o “La Manada” de España. Para quienes hemos estudiado este fenómeno vemos que no es nada nuevo: tanto en Estados Unidos como en Argentina lleva ya décadas asentado y sus luchas ya no son las de antes. Numerosos autores de derecha o “reaccionarios” de talla internacional como Agustín Laje, Nicolás Márquez, Jordan Peterson, Christina Hoff Sommers, Steven Pinker, Camille Paglia o Alicia Rubio, entre otros, han manifestado su preocupación por lo que ven es un movimiento nocivo que ya no es lo que antes era. Un movimiento que no busca libertades civiles sino la imposición de un discurso sobre dominación, opresión y victimización, el cual para cualquiera medianamente familiarizado con el discurso marxista convencional no debería resultarle en lo absoluto ajeno; un movimiento que, en todos los países que se ha posicionado, ha tenido importantes consecuencias sociales y políticas (curiosamente no encontramos la misma fuerza de la lucha feminista en países islámicos).

Frente a esto la derecha, que está en el poder al mando de Sebastián Piñera, ha tenido una reacción patética. Ha cedido y avalado las luchas y banderas que les están planteando, intentando “regular” el asunto y abordarlo desde una perspectiva técnica con un paquete de medidas. Quienes recuerdan el año 2011 podrá ver que está pasando exactamente lo mismo que antes, un deja vú donde la izquierda es la que toma el timón y se posiciona dentro de la sociedad y una derecha dormida, pasiva y débil. Todas las señales indican que será ésta la agenda de la izquierda para este gobierno, ya no les resultó la movilización por la educación ni la movilización por eliminar las AFP. Las señales son evidentes, basta ver al otrora experto en pensiones ahora experto en feminismo Luis Mesina empapado de las nuevas banderas progresistas.

 

Con esta derecha, ¿quién necesita izquierda?

Hace unos meses tuve la oportunidad de hablar con la ministra del ministerio de la Mujer, Isabel Plá. Tenía ciertas expectativas con ella: en sus tweets manifestaba estar contra el aborto y avalaba los piropos, dos ideas que chocaban fuertemente con las consignas mainstream de las feministas chilenas. Cuando le hablé de la importancia de su cartera para lo que se venía, pues yo sabía que iban a intentar presionar al gobierno por el lado del feminismo, me interrumpió diciendo que no le interesaba la “parte ideológica” y que sólo se iba dedicar a “hacer cosas que eran urgentes”. Entonces supe que todo iba a estar mal.

Esencialmente escuchar a la ministra es escuchar a una activista de izquierda. Es prácticamente imposible distinguir este gobierno de derecha de uno de izquierda en esta materia. Ha hablado de la “brecha salarial”[1], de la “cultura machista”, ha dicho que “las demandas de los estudiantes forman parte de nuestra causa”[2], (¿cuáles demandas, si ni siquiera hay un petitorio?) y, en general, ha avalado todo lo que está pasando sin matices. Ni Camila Vallejos lo habría hecho tan bien. Me pregunto dónde quedó esa twittera que se atrevía a disentir. ¿Su nueva pega le hizo olvidarse de todos sus principios?

Como se dijo anteriormente, el feminismo actual no es el de antaño. No es casualidad que todos los izquierdistas sean los más fervientes feministas, hay una cuestión de fondo: instalar en la sociedad la idea de que las jerarquías que en ella existen, las cuales generaron buena parte de las estructuras sociales que hoy conocemos en las instituciones, son una fabricación deliberada para oprimir a las mujeres y relegarlas a roles secundarios degradantes o a la violencia. Es una crítica radical a todo lo que conocemos, desde los chistes, las tradiciones, las relaciones humanas y la vida misma. Y sobre esa base la idea es que si acabamos con el sistema “patriarcal” acabaremos con esas jerarquías o con la opresión sistemática que esas instituciones perpetúan y lograremos un reino ansiado de igualdad.

Muy a grandes rasgos, la izquierda está intentando generar una crítica estructural a la sociedad, la cual tiene por objetivo hacerse con el control de los currículos escolares, y posteriormente, con el poder en su lucha contra la desigualdad. ¿Mientras tanto qué hace la derecha? Lanzan programas de educación sexual no sexista y tiene a sus diputados como Jaime Bellolio quejarse de una sociedad que “sigue siendo machista”[3], incluso Evelyn Matthei afirmó que “a veces es necesario un grito de rabia”[4], lo cual deja a uno preguntándose: con esta derecha, ¿quién necesita izquierda? Un espectáculo realmente decadente. La ministra le pone la guinda a la torta manifestando que Chile vive un “proceso histórico”[5]. ¿Por qué será que Chile vive siempre procesos históricos cuando gobierna la derecha?

 

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Acoso, machismo y violencia de género

Naturalmente que al estar uno con una postura disidente con los asuntos feministas debe investigar el doble para poder argumentar bien evadiendo las acusaciones de herejía que rondan en redes sociales. Tanto el acoso, como la “violencia de género” o demases requieren artículos enteramente dedicados a esos temas, en este texto simplemente me encargaré de mostrar que existe más de una visión del asunto, lo que se contradice con la hegemonía cultural progresista que sólo admite una visión.

Partamos por el acoso. Quiero dejar en claro que no estoy de acuerdo con ordinarieces por parte de hombres en la calle, tampoco estoy de acuerdo con que las mujeres sean manoseadas o pasadas a llevar de ninguna forma. Pero eso no significa estar de acuerdo con multar o encarcelar hombres masivamente por decir cosas en la calle que queden al arbitrio de lo que pueda ser considerado acoso. Tampoco significa estar de acuerdo con el diagnóstico progresista de que producto de la cultura “patriarcal” se avala el pasar a llevar a las mujeres diciéndoles cosas en la calle para hacerlas sentir inseguras o victimizadas.

Si alguien ha prestado atención a las noticias recientes podrá haber visto a la vocera feminista de la Universidad Católica siendo incapaz de definir lo que es acoso, y en cierto sentido no se la puede culpar: el acoso ha sido definido a lo largo de las legislaciones o instructivos de universidades de países occidentales de miles de formas distintas. Lo que cada uno juzga como acoso sexual depende de la edad, el sexo y la nacionalidad. Roxana Kreimer de la Universidad Nacional de Tucumán nos ofrece un ejemplo en su publicación reciente llamada Nadie menos: sobre la necesidad de definir qué entendemos por acoso sexual y garantizar los derechos de las personas con independencia de su sexo: “La Universidad de Princeton dio hace poco instrucciones precisas para que los estudiantes pregunten reiteradamente a las mujeres con las que están bailando si quieren seguir haciéndolo[6]. En internet circulan instructivos en los que durante una relación sexual el varón debe pedir consentimiento para cada una de las caricias y prácticas sexuales que desarrolla, incluso las que no se realizan en zonas erógenas”.[7]

De qué forma puede un hombre manifestar su interés sin que sea considerado acoso depende en un 100% del contexto y la receptividad de la mujer, y en la medida que presionamos a la cultura “patriarcal” buscando acabar con “el machismo” o las aproximaciones indeseadas lo que hacemos es alejar hombres de buscar mujeres, es lo que plantearon un grupo de francesas entre las que se encontraba la actriz Catherine Denevue, cuando señalaron en un manifiesto contra el movimiento #MeToo, en enero del 2018:

"La violación es un crimen, pero un flirteo tenaz o torpe no es un crimen ni la galantería una agresión".

 

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Lo inadecuado de plantear ciertas situaciones como acoso es que convierte a las mujeres en víctimas eternas, señalaron, "pobres pequeñas cosas bajo la influencia de demoníacos machistas, como en los tiempos de la brujería"[8]. Pareciera en este sentido que estamos volviendo a la época conservadora victoriana y el sexo opuesto nos atemorizara.

Hablemos ahora de la objetivización. Quiero dejar en claro que no me produce especial aprecio el ver hombres babeando viendo un cuerpo femenino en la calle, creo que los denigra a ellos mismos, pero eso no significa que se deba perseguir concursos de belleza o avalar el meta-discurso de que estamos en una cultura “patriarcal” que “ve a la mujer como objeto” y le impide progresar relegándola a segundos puestos.

Desde la perspectiva de la biología evolutiva, hablar de “objetivización” es hablar de estrategias de reproducción[9]. Hombres y mujeres buscan cosas diferentes en el sexo opuesto a la hora de seleccionar pareja, lo que los impulsa en buena medida no es el azar ni la cultura, sino que es una programación biológica fruto de siglos de evolución. Ellos efectivamente se fijan más en la parte física de las mujeres, suelen buscar la voluptuosidad y la salud corporal que son signos de fortaleza a la hora de enfrentarse a un embarazo. Ellas en cambio buscan estatus, lo cual por lo general se traduce en dinero o poder, producto de una programación que las hace buscar protección.

Si separamos la población en grupos socioeconómicos, veremos que ellos buscan como pareja mujeres indistintamente de su clase social, en cambio ellas suelen preferir hombres que provienen de un estatus económico superior o nivel superior. Esto se conoce como hipergamia, la objetivización femenina[10]. El hecho de que muchos hombres caigan en la categoría en nuestros tiempos de “poco valorables” para las mujeres al carecer de atributos como los anteriormente mencionados, los hace sentir insignificantes y puede explicar en buena medida –ojo, explicar pero no justificar- el acto del piropo. Entonces deberíamos tratar el asunto con empatía, y buscar que los hombres salgan adelante y dejen de sentirse insignificantes, no criminalizar el interés del hombre en la mujer ni mucho menos decir que es producto del machismo o del patriarcado para perjudicar a la mujer.

Pasemos a la violencia de género. Por lo que sabemos, la violencia intrafamiliar en las sociedades es un fenómeno multicausal, existen condiciones sociales que hacen más probable la delincuencia o la conducta antisocial, como la desigualdad, la segregación, la ausencia de educación o demases (Ahmadabadi et al., 2017[11]). Esta argumentación no debe entenderse como una justificación de la violencia, pero lo que se debe tener claro es que la idea de que a la mujer se la agrede "por ser mujer" simplifica un fenómeno multicausal. La complejidad del mundo no puede ser reducida a una conspiración misógina en la que todas las mujeres son "víctimas" y todos los hombres potenciales victimarios.

Cuando se les dice a las mujeres que deben evitar ciertos lugares de noche o tomar resguardos no se está justificando que las agredan ni mucho menos se está justificando una cultura machista que las “educa a ellas para evitar la agresión en lugar de educarlos a ellos a no violar”, de la misma forma que cuando se le dice a cualquier persona, independiente de su sexo, que debe evitar ciertos sectores peligrosos de noche como las poblaciones repletas de traficantes, no estamos “justificando la delincuencia y educando a la gente a evitarla en lugar de educar a los delincuentes a no atacar”, son asuntos separados con tratamientos diferentes. La peligrosidad de ciertos sectores del gran Santiago no tiene que ver con el sexo de la potencial víctima, sino que tiene mucho más que ver con la clase o entorno social, dicho de otra forma: un hombre que vive en una población, que está expuesto a balaceras entre traficantes y puede perder la vida incluso dentro de su propia casa es alguien mucho más expuesto a la violencia que una mujer cuya más grande aflicción es que le digan comentarios desagradables u ordinarios cuando baja de Plaza Italia.

 

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Por último hablemos de brecha salarial y discriminación. La retórica progresista nos indica que las mujeres reciben menos paga “por ser mujeres” y que las grandes empresas cuentan con menos mujeres en sus cargos directivos por culpa de la cultura machista o del patriarcado. Pero nuevamente los análisis multivariables nos demuestran que estas aseveraciones carecen de fundamento o respaldo científico[12].

En Escandinavia se habla de la “paradoja de la igualdad” porque mientras las sociedades europeas más buscaron la igualdad de género más se encontraron con que las diferencias en la elección de carreras aumentaron, hay mayor proporción de enfermeras mujeres en Noruega que en países africanos. Detrás de esto hay una enseñanza: Buena parte de las disparidades de salarios tienen que ver con la elección de carreras. Ellos por lo general eligen ingenierías o carreras científicas, y ellas por lo general concentran las pedagogías y enfermerías.[13]

Existen más de 20 factores que explican la mal llamada “brecha salarial de género”, todos relacionados con diferentes elecciones libres que toman hombres y mujeres: diferencias en elección de horarios de trabajo –ellos suelen concentrar los trabajos donde los pueden llamar a cualquier hora, ellas suelen preferir trabajos part-time–, longitud de carreras laborales –ellas suelen interrumpir sus carreras para enfocarse en la familia avanzados los 30 años-, rasgos de personalidad como aversión al riesgo –ellos prefieren los trabajos más arriesgados que son los mejores pagados–, etc. Estos factores de elección son los que explican también que haya más hombres en cargos directivos.[14]

Como se puede apreciar, la brecha no es resultado de discriminación ni del machismo, sino que es el resultado de decisiones libres que hombres y mujeres toman a lo largo de sus carreras. Que salga el campeón antipopulismo Felipe Kast vestido de mujer señalando que “le indigna” que se les pague menos a las mujeres por ser mujeres no es sino una más de la larga lista de auto-humillaciones de la derecha chilena en esta materia.

 

Consecuencias del feminismo

A menudo cuando se habla de que el feminismo tiene implicancias nocivas en la teoría –como la deshumanización del hombre, ataque a la familia– se deja de lado que ya podemos ver sus efectos en la órbita occidental de las sociedades europeas y en Estados Unidos que es donde ha tenido más empuje, y no son buenas.

El activista promedio le dirá que el feminismo busca la igualdad, pero eso no explica por qué en muchos países han acabado con la igualdad ante la ley. El artículo 11 de la declaración universal de Derechos Humanos establece que “Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en un juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias a su defensa”, pero en legislaciones de países como España o Israel lo que ha ocurrido es que justamente ese derecho fundamental se ha acabado y los hombres ya no lo tienen gracias a la presión del lobby feminista.[15]

 

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Sumado a las leyes de cuotas en empresas, cupos privilegiados en partidos políticos o universidades, ministerios preocupados únicamente de los problemas de las mujeres, obligaciones de porcentaje de participación de mujeres en elecciones u otros, quien todavía crea que el feminismo actual es sobre la igualdad es porque francamente vive dentro de una cueva. 

Las normas y protocolos contra el acoso en Universidades o colegios han sido utilizados para depurar las instituciones educativas del pensamiento disidente, así como perseguir y lograr que despidan a cualquiera que pueda ir contra sus márgenes de pensamiento, tal como sucedió con el ingeniero James Damore en Google, quien fue despedido por decir que hombres y mujeres tienen diferentes aptitudes para diferentes profesiones.[16] Antiguamente la izquierda buscaba tomar el poder mediante la coacción estatal, hoy ya no la necesita: Con los medios a su favor y miles de guerreros de la justicia social en redes sociales, pueden presionar a quien sea a hacer lo que ellos quieren sin necesidad de usar al Estado, lo cual deja innumerables damnificados, personas cuyo único crimen es pensar diferente.

Un viejo proverbio dice que las mujeres tienen la llave del sexo, y los hombres la llave del matrimonio. Quizás se necesite un nuevo artículo para hablar de cómo el feminismo ha impactado las relaciones humanas en profundidad, pero como dato objetivo podemos decir que la generación de los millenials está teniendo menos sexo que cualquier generación pasada en más de 60 años[17] y la tasa de matrimonios está en franco descenso, tocando mínimos históricos todos los años[18]. Si señalamos toda aproximación del hombre hacia la mujer como acoso y perseguimos la seducción, al mismo tiempo buscamos normar y perseguir toda relación humana buscando evitar la violencia de género sindicando como único responsable siempre al hombre lo que hacemos es evitar relaciones humanas duraderas. Estamos condenándolas a ellas a envejecer en soledad y estamos diciendo que ellos son opresores malvados y que es mejor que estén solos.

La idea de la mujer empoderada cuando se malentiende y se lleva a la idea de que “puedo criar a mi hijo sola sin ayuda” se ha transformado en una desgracia social con consecuencias gravísimas para los hijos. Se sabe, por ejemplo, que en Estados Unidos los hijos de familias sin padres presentan 5 veces más probabilidades de suicidarse, 32 veces más probabilidades de escaparse de la casa, 14 veces más probabilidades de ser violadores y 9 veces más probabilidades de salirse del colegio, versus los hijos con ambos padres presentes. Se habla mucho de masculinidad tóxica, pero la evidencia parece indicar que lo que los hijos necesitan es más masculinidad y no menos.[19]

Por último podemos hablar de ridiculeces legales como en Suecia, donde se ha introducido una legislación que obliga a que cada acto sexual sea aprobado explícitamente por las partes antes de realizarlo.[20] Si alguien quiere puede cuestionar el hecho que todas estas cosas sean consecuencia del feminismo, o puede salir con la vieja confiable “ese no es el verdadero feminismo”, pero una cosa es clara, las ideas tienen consecuencias, apoyar medidas sin verlo es ser ciego.

 

La Fatal Ignorancia de la mal llamada “derecha liberal”

Volviendo a la derecha, al ver algunas reacciones de sus referentes supuestamente intelectuales uno no puede evitar sentir una mezcla de desazón y vergüenza ajena. Porque una cosa es no mostrar nada diferente a lo que sería un gobierno de la Nueva Mayoría y otra muy distinta es sumarse descaradamente a la ola feminista buscando quedar bien o “darle un toque liberal” al asunto. Leer personas como Benjamín Ugalde[21], Felipe Kast o Sebastián Edwards[22] decir que el feminismo busca la igualdad y que debemos sumarnos para acabar con el machismo imperante es equivalente a leer a Manuel José Ossandón decir que debemos sumarnos a la gratuidad para acabar con la desigualdad. Para graficarlo mejor: no se le da “un toque liberal” a la lucha de clases sin caer completamente en avalar su discurso de explotación y ya hemos visto que avalar discursos tiene consecuencias.

Más aún, ¿Qué sentido tiene buscar darle un toque liberal al feminismo si la mayoría sino todas las conquistas liberales en esta materia ya están implementadas en la sociedad? No existe ningún derecho que los hombres tengan y las mujeres no, no existe ninguna institución a la que las mujeres no puedan acceder ni existe ningún límite a lo que puedan lograr, más que el que ellas mismas decidan. Evidentemente que cualquier decisión que tomen generará diversos juicios de los demás, pero el liberalismo no tiene nada que hacer buscando evitar los juicios libres y espontáneos de las personas, a menos que decidan ir contra la libertad de expresión y de pensamiento. Y por último, las jerarquías son propias del orden espontáneo de la sociedad.

 

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Todos estos autoproclamados referentes de la “derecha liberal” – que de liberal no tienen nada ni de derecha menos- harían bien en leer a Ludwig Von Mises, quién anticipándose a lo que sería el movimiento feminista actual diría en su libro en El socialismo que los enemigos del libre mercado lo son también de la familia: “Las propuestas de transformación de las relaciones entre los sexos han ido siempre de la mano con los planes de socialización de los medios de producción”. Y como presintiendo la futura ideología de género afirmaba: “Cuando el feminismo (considerando insuficiente la igualdad jurídica hombre-mujer) ataca las instituciones de la vida social bajo la impresión de que así será capaz de derribar las barreras naturales, se convierte en un hijo espiritual del socialismo”.[23] Y F.A Hayek decía esto La fatal arrogancia:

"Y así, engreídos en el convencimiento de que el orden existente ha sido creado deliberadamente, y lamentando no haberlo realizado mejor, se aprestan a abordar con decisión la tarea reformista. La meta socialista no es otra que la radical reconstrucción tanto de la moral tradicional como del derecho y el lenguaje, para así acabar con el orden existente y sus presuntamente inexorables e injustas condiciones, que nos impiden acceder al imperio de la razón, la felicidad y la verdadera libertad y justicia".[24]

El gobierno limitado no puede mantenerse allí donde colapsa la cultura del matrimonio. El “nuevo desorden amoroso”, que algunos celebran como conquista liberal, al final se traduce en volatilidad de las familias (aumento de los divorcios, monoparentalidad, etc.). Y, cuanto más frágiles sean las familias, más serán los individuos en situación de vulnerabilidad, a los que el Estado tendrá que auxiliar con sus servicios. A menos familia, más Estado.

 

¿Qué hacer entonces?

No pretendo decir lo que debería hacer el gobierno, evidentemente que enfrentar un alzamiento con 20 universidades y los grandes medios progresistas en contra no es tarea fácil. Lo que me gustaría es que el gobierno presentara por lo menos una visión disidente, una crítica constructiva, uno esperaría ver debates, ver una idea diferente de que existe un patriarcado y hay machismo por todas partes, pero lamentablemente no hay nada de esto. Los únicos que han dicho algo rescatable al respecto son el liberal Axel Kaiser y el conservador Gonzalo Rojas.

En su lugar el gobierno de Sebastián Piñera se ha comportado como un ejército de vasallos que han hecho todo lo que la izquierda les ha ordenado, con lo que uno puede simplemente preguntarse, ¿Para qué votamos por esta gente entonces? Tener crecimiento no es suficiente, se debe tener una visión de largo plazo, una idea de sociedad, de paz social y de justicia que vaya más allá de las insípidas y tibias declaraciones de la supuesta nueva “derecha liberal” cuya intrascendencia es evidente en el debate público con contadas excepciones.

Hoy hay 4 comisiones para llevar a cabo el “programa de gobierno” del Movilh, quienes no fueron electos pero cuentan con todo el apoyo del actual gobierno de “derecha”, todos los personeros de gobierno están enfocados en impulsar proyectos de ley para los cuales no fueron electos, pregunto nuevamente, ¿De qué sirve votar por esta gente? Mientras no haya ninguna oferta diferente no se les debe volver a dar el voto, es preferible morir con las botas puestas a que ganar entregándole todo en bandeja a quienes perdieron. Ganar así no sirve de nada.

 

Notas.


[6] Ver "Princeton issues guidelines for ‘Consent on the Dance Floor", Mathew Penza, campusreform.org, 17 de noviembre del 2017

[8]  Millet, Catherine, Deneuve, Catherine, Caven, Ingrid, « Nous défendons une liberté d’importuner, indispensable à la liberté sexuelle», Le Monde, 9 de enero 2018

[11] Ahmadabadi, Z., Najman, J. M., Williams, G. M., & Clavarino, A. M. (2017). Income, Gender, and Forms of Intimate Partner Violence. Journal of interpersonal violence, 0886260517719541. 

[23] Ludwig von Mises, Socialism: An Economic and Sociological Analysis (Londres: Jonathan Cape, 1951), p. 100. [Publicado en España como Socialismo por Unión Editorial]

[24] La Fatal Arrogancia, página 127

 

Por Letras Libertarias

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