Política

EVÓPOLI, ¿Una renovación equivocada?

Un asunto contingente y que se ha discutido poco acerca de él es sobre el propósito que tiene Evópoli dentro de la derecha chilena, a la que definitivamente le hace falta renovarse y dejar de lado ciertas mañas antiguas, tales como designaciones a dedo de representantes, poca apertura a discutir nuevas ideas con argumentos no sacados de la Biblia, un elitismo que se conecta poco con la realidad, carecer de un discurso ideológico capaz de hacerle frente al progresismo, poca valentía para defender ciertas ideas, entre otras cosas. No obstante lo anterior, existen hechos que lo hacen a uno cuestionarse si acaso Evópoli pretende conformarse como una renovación del equilibrio que debe haber entre liberales y conservadores dentro de la derecha o bien pretende transformarse en un semillero de derechistas renovados (hacia la izquierda, claro) que luego irán a engrosar las filas del progresismo.

Fundamentos de la discordia

Partamos por el principio: el último hecho es la inclusión de Luis Larraín como candidato a diputado con un cupo del sector. Larraín es alguien abiertamente progresista que no comparte nada desde el punto de vista ideológico con un conglomerado de derecha. Está posicionado en favor de los (mal) llamados derechos sociales universales y la ampliación del tamaño de Estado en numerosas áreas, además apoya la agenda cultural progresista que busca demonizar todo rastro de virtuosismo en la sociedad para sumirla en un nihilismo intrascendente millenial que todo le ofende. Básicamente, se trata de un socialista ABC1, similar a los que se encuentran en el Frente Amplio.

Todos sabemos quién es él. Todos sabemos que hace unos años posaba alegremente con Piñera y hoy afirma tajantemente que jamás lo apoyaría –sin embargo, al parecer esto no es un impedimento suficiente como para estar en la lista de ChileVamos, todo sea por los votos–, pero, ¿y qué pasa con Evópoli que permite este tipo de gente dentro de sus filas?

Hace unos meses veíamos al candidato Felipe Kast vestido de mujer “empatizando” con el sexo opuesto al suyo y proponiendo leyes para acabar con la brecha salarial, lo cual correspondería a un acto tremendamente demagogo: en todos los países donde la famosa “brecha de género” se ha estudiado, lo que se ha visto es que es determinada por las diferentes decisiones que toman hombres y mujeres a lo largo de sus carreras y no por una discriminación arbitraria, sumado a las leyes de los políticos que –buscando resguardar la maternidad– lo que han hecho es encarecer la contratación femenina. Pero lo más grave fue el trasfondo, pues se vino a sumar al auge del carácter sectario del movimiento neofeminista (donde ellos no pueden opinar sobre estos temas. Siguiendo esa lógica, si no soy inmigrante no puedo opinar sobre la inmigración), el cual en su más reciente vertiente, la denominada tercera ola ha demonizado al hombre, ha acabado con la igualdad ante la ley para ellos, ha sumado muchas otras consecuencias sociales y culturales de las que se puede hablar en otra columna que han hecho que los hombres, en definitiva, prefieran no tratar con mujeres en lo absoluto –el famoso movimiento MGTOW– y ellas se están muriendo solas y solteras viviendo una vida “empoderada”.

Antes el candidato FKast nos había sorprendido con su “fiscalía antidiscriminación”, que no es otra cosa que un ataque a la libertad de expresión. Es oportuno, entonces, discutir qué debe entenderse como una derecha liberal, y que no pasa simplemente por una apertura tipo lista de supermercado a los puntos de la agenda valórica, sino también una reflexión a nivel discursivo de lo que se quiere para el país y para el sector, es decir, una reflexión sobre sustancia filosófica, sobre contenido y sobre significado. En pocas palabras, una discusión y contextualización sobre el ser de la derecha en este tiempo y espacio.

¿Qué debería constituir una derecha renovada y liberal?

Una derecha liberal se basaría, desde esta perspectiva, en cultivar valores como el virtuosismo y la responsabilidad individual en conjunto con instituciones de la sociedad civil que permitan un contexto favorable para las libertades individuales. Buscaría un equilibrio entre libertades individuales y consideraciones morales básicas, respeto a derechos de propiedad, un estado austero que se dedique a servir en lugar de aleccionar, rechazaría discursos autoflagelantes que ven machismo o xenofobia en todas partes, entre otras cosas. Sin este mínimo común, y aceptando a gente como Larraín –uno puede preguntarse cuál es el criterio de admisión para ser candidato por Evópoli, pues pertenecer a una minoría sólo para dar coherencia a un discurso inclusivo y a favor de la diversidad no debería ser suficiente–, Evópoli no puede ser considerado un partido de derecha sino un partido progresista más, y dado que el progresismo chilensis entiende la libertad como inherentemente nacida desde el Estado y no una coacción arbitraria frente a él, tampoco puede entenderse como un partido liberal. Estar a favor del pito de marihuana no hace liberal al individuo, sino se trata de plantearse una visión coherente de hombre, de sociedad y de mundo. Así, las drogas o el sexo serían los datos de la causa solamente.

Una renovación verdadera buscaría reivindicar valores como el esfuerzo y el mérito, la responsabilidad individual –que no se hizo presente en la discusión del aborto–, el respeto a la propiedad privada. Buscaría hablar de la importancia del núcleo familiar (o, por lo menos, discutir sobre este tópico), hablar del derecho de un proyecto de vida propio sin perjudicar a terceros –lo cual invita a una visión escéptica de los movimientos LGBT que luchan por modificar currículos escolares de manera coactiva e imponer leyes contra la libertad de expresión (esto no es “paranoia conservadora”, sino la simple observación respecto a las medidas desplegadas por algunas instituciones, todas ellas bastante alejadas de la libertad de expresión)– pero, por sobre todo, traería una visión escéptica frente al Estado y su legitimidad moral para decirle al resto lo que es o no cultura, y a acabar con los ahorros de los chilenos en función de proyectos refundacionales en nombre de un “pueblo” que sólo existe en el imaginario de los autoritarios. Siendo objetivos, nada de esto o muy poco hay en Evópoli, sino que sólo una vacía “lista de supermercado” de apoyos a cosas de moda, un candidato a diputado que insulta a referentes del sector y un Felipe Kast que se viste de mujer, representando a una derecha que es menos derecha, que entra derrotada a la arena política acomplejada asumiendo que sus ideas son impopulares y que representan sólo a las élites, y que asume como propias las banderas que toma prestadas de la casa de en frente.

Por Nicolás Palma

"Anarquista de derecha, fan de Cazador X esperando que se dignen a continuar la serie. El mundo necesita memes."

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