Economía

¿Es verdad que los ricos votan por la derecha liberal?

 

Es una creencia bastante aceptada en nuestra sociedad que la derecha liberal es un programa y una filosofía por y para ricos. Si bien es verdad que en barrios de altos ingresos la derecha es porcentualmente más votada (64%) en relación a los estratos medios y bajos, esto se puede explicar fácilmente debido a que son los que en proporción más sufren la opresión estatal y por ende no votan porque ganen algún privilegio con ello, sino porque esperan dejar de perder algo que ya es suyo por derecho.

Son los que más pagan impuestos y los que menos se ven beneficiados por "gratuidades", ya que podrían pagárselos solos o sencillamente no utilizan los servicios que da el estado, a menos, claro, que este de plano prohíba adquirir esos servicios en el mercado (justicia, seguridad, etc.). Son también el grupo de la sociedad al que más se reprime, ya que tienen dinero suficiente para pagar las multas y las penalidades habiendo mayor incentivo para castigarlos.

No así gente de recursos escasos, quienes independientemente de que, por ejemplo, su casa no esté construida según el plano regulador y les saque una multa, estos no la van a pagar y no pueden hacerlo, puesto que en general las multas son más altas de lo que sus bolsillos pueden soportar. Si bien buena parte del estrato socioeconómico bajo es de derecha, este no es una derecha liberal, sino más bien estatista que busca subvenciones y control del estado sobre la vida de las personas para limitar conductas no deseadas en otras personas, como lo son el matrimonio homosexual, el consumo de drogas, entre otras.

En el caso de los millonarios, la cuestión es un tanto distinta. Estos son los con mayor capacidad de evadir legalmente impuestos o restricciones, de comprar políticos y tener contactos con policías. Igualmente los servicios públicos son mayormente aprovechados por este grupo. Un ejemplo de esto son las carreteras en zonas rurales. Ahí la gente no hace una excesiva diferencia entre usar una carretera de tierra o de asfalto. A los que sí les conviene en extremo son a los dueños de las empresas instaladas allí que tienen que transportar mercancías en camiones. Una carretera supone, entonces, menores tiempos de transporte, menor daño a los camiones y menor daño a las mercancías mismas.

Estas carreteras tendrían que ser pagadas por ellos o sencillamente asumir los costos de no tenerlas. Lo mismo ocurre con las aerolíneas que utilizan aeropuertos pagados con los impuestos de todos. En ausencia de un estado que construya todo esto, las empresas se verían en la obligación de financiárselas a ellos mismos. De este modo es como el estado, con el dinero que le ha quitado a todos, subvenciona indirectamente a muchas grandes empresas a costa del resto.

Todo esto y mucho más en nombre de “los bienes públicos que utilizamos todos” los cuales, si bien es cierto que los utilizamos, solo algunos obtienen enormes rentabilidades de estos bienes y otros sencillamente pagamos. Otros ejemplos mucho más claros e injustificables son las barreras arancelarias para que las empresas locales no se vean expuestas a competencia exterior, y de esta forma poder cobrar precios más altos a los consumidores. Aún menos sutil, es cuando el estado de plano entrega subvenciones directas a ciertos sectores de la economía.

Por esta razón es que, si bien no todos los grandes empresarios son de izquierda, la tendencia es a buscar siempre un mayor estatismo, sin importar si es a través de la derecha o a la izquierda, siendo esta última la con mayor tendencia totalitaria en los últimos siglos y por lo tanto quizás con mayor apoyo económico.

Aunque la mayoría de la población se rige por lo que personalmente les conviene a la hora de dar apoyo a un candidato, no todos tienen como única prioridad su propia ganancia. Es por esto que existen innumerables casos de personas que, teniendo escasos recursos o siendo millonarios, apoyan candidatos o fundaciones que recogen algunos principios liberales, puesto que entienden que aunque no ganen nada con ello, lo correcto es que la gente pueda vivir en libertad y con dignidad, y no ser tratados como animales a los cuales hay que domesticar, cuidar y dirigir en beneficio propio, sino que por el contrario, reconocerlos como seres humanos moralmente iguales y por lo tanto con igual capacidad de elegir que consumir, que actividades hacer, en que gastar su dinero o con quien relacionarse.

                                                                                                    

Por Alexander Reinike

Estudiante de Economía de la Universidad de Múnich. Coordinador Local Students For Liberty Europa.

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