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El crudo relato de una mujer víctima de la violencia 'antifa'


En la foto se observa a un delincuente de izquierda "antifa" detenido por iniciar violencia. Foto: Mega.

 

Era 5 de marzo, el día de mi cumpleaños y desafortunadamente a una de las personas que más quiero en la vida se le ocurrió realizar una marcha contra la inmigración ilegal y el terrorismo en la Araucanía en el centro de Santiago junto al grupo activista “Capitalismo Revolucionario” y simpatizantes a la causa. El asunto era sencillo: se juntarían a las 17:30 de la tarde en Moneda, caminarían con banderas y volantes por Ahumada hacia Plaza de Armas gritando consignas como “sí a la inmigración, no a la invasión” (para que sepan que no son racistas) y luego, me irían a buscar para comprar una torta y tomar once con mi familia y amigos. Eran las 18:00 hrs., cuando recibo un angustiante llamado: “estamos encerrados en Ripley, no podemos salir”. Desconcertada y desesperada fui hacia el sector a tratar de hacer algo para sacar a los chicos de ahí (que no eran más de 15 personas, la mayoría hombres que son padres, estudiantes y trabajadores). Llegué y el panorama era horrible. Alrededor de 100 jóvenes antifascistas, entre hombres y mujeres, estaban pegados a las rejas por ambas salidas gritando amenazas, tirando botellas y distintos objetos para tratar de que los chicos escondidos salieran. “¡Los vamos a apuñalar!” “¡malditos fachos los vamos a matar!”, gritaban, mientras mostraban cuchillos y ulocks. Me acerqué a ellos tratando de explicarles que los chicos no son racistas, que incluso en el grupo hay venezolanos y colombianos, que deberían tener un debate de ideas y no caer en agresividad. Solo recibí respuestas como “ellos son fachos y hay que apuñalarlos”, “ellos quieren echar a los inmigrantes haitianos y como ellos no tienen voz, nosotros somos su voz”, “en Haití no hay agua potable”, entre otras frases que ya no recuerdo porque eran muchos y gritaban todos a la vez. Yo, ilusa, insistí en tratar de que el tema se conversara (de verdad quería que los chicos y la mujer que los acompañaba salieran sanos y salvos para poder ir a celebrar mi cumpleaños tranquila). Hasta que unas mujeres me empezaron a decir, textual: “vira loca vira, voh eris facha” y yo segura de mis derechos como ciudadana respondo, “estoy en la vía pública y no me pueden sacar de acá”. Ahí empezaron las patadas y los empujones para correrme. Estaba en eso (sí, empecé a sentir un poco de miedo) cuando me llega un escupo, ¡qué asco! Mi rabia afloró por mis poros y grité “asquerosa flaite de mierda, eres tú la fascista que me quiere sacar de la vía pública por no pensar como tú” y lo último que vi fueron alrededor de 10 mujeres con ojos desorbitados abalanzándose con puños y patadas sobre mí mientras yo me cubría en posición fetal en el piso sintiendo los golpes en mi cabeza y cuello. En un momento, cuando me di cuenta que la cosa estaba complicada, saqué el teléfono para grabar lo que me estaba pasando y tener una evidencia de esta terrible situación, pero una mina me dijo “guarda ese teléfono si no te voy a hacer cagar”. Yo pensé en mis hijos y lo volví a guardar. Agradezco enormemente a los tres hombres que me tomaron y me sacaron del tumulto. ¿Carabineros? No había ninguno, siendo que sabían perfectamente lo que estaba ocurriendo, simplemente se fueron, dejando a mis amigos y a mí a la deriva de unos violentistas con instintos asesinos. Logré encontrar a un uniformado de verde en Plaza de Armas, lugar donde llegué caminando llorando desconsolada acompañada por uno de mis “rescatistas”, le contamos lo sucedido y simplemente me ignoraron. Pero lo peor de todo, es ver cómo cubrieron los medios la noticia, NINGUNO SIQUIERA MENCIONÓ EL TREMENDO ATENTADO A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y A LOS DERECHOS HUMANOS QUE VIVIMOS, y es que parece que estos son sólo asuntos que competen a gente de izquierda. Carabineros ya no son capaces de defendernos, los medios los avalan y el feminismo está logrando que la agenda de género sólo proteja a la gente de izquierda. Nosotras, el resto, no somos mujeres para ellas. Ustedes me trataron como “mujer objeto”. No son los “hombres heteropatriarcales” viendo el concurso de Miss Reef o contratando a modelos en bikini para los teams de verano: son ustedes. Me trataron como una mujer objeto por pensar distinto. Ser mujer importa siempre y cuando seas de izquierda. Para el resto, su identidad pasa a ser su opción política, es decir, el hacer, no el ser. ¿Sororidad? ¡Mis polainas! Son unas hipócritas fascistas.

Camila.

Por Letras Libertarias

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