Opinión

Decisiones equivocadas: la tragedia de Joane

Pocas instituciones gozan de tanto desprecio de mi parte como el Estado, y esto no sólo es debido a mi condición anarquista y pansecesionista, sino también como ciudadano que paga, por la fuerza, impuestos que luego son despilfarrados prioritariamente en causas por las cuales jamás daría ninguna de mis sobras, y es que al Estado pareciera ser de vital importancia financiar arte izquierdista sobrevalorado o desviar fondos para causas populacheras que ni siquiera reflejan lo que pienso o querría de una sociedad. Sin embargo, para el Estado mi opinión es insignificante, por lo que tampoco podría acusárseme de ser un defensor de él.

Aún así, seré abogado del Diablo en esta oportunidad. O del Leviatán, mejor dicho.

El drama de Joane, mujer haitiana, inmigrante y madre de un hijo puede resumirse de la siguiente manera:

Primer Acto. Una mujer haitiana, tomando una decisión desafortunada, deja a su hija ––de un par de meses–– sola en la Municipalidad de Lo Prado mientras sale persiguiendo a alguien que, según dice el relato, había robado sus cosas.

Segundo Acto. La mujer haitiana mencionada en el Primer Acto, muere luego debido a las lesiones producto de los golpes autoinflingidos en su cabeza mientras estaba detenida.

Tercer Acto. Cierto sector de la Izquierda, promotores de la inmigración y colonización negra, y distintos individuos afines a la idea de la justicia social global se han manifestado a través de redes sociales virtuales y tangibles acusando al Estado de Chile de “asesino”.

Esta historia es una carrera de errores. Si el primer error fue dejar a un niño de meses solo, si fue confiar en una persona que terminó robando sus cosas, o si fue el venirse a un país idiosincráticamente distinto, es algo que no está del todo claro. No obstante, afirmar que fue el Estado de Chile quien asesinó a esta mujer es algo, al menos, inexacto.

Si simplificamos y tomamos la definición de Estado que propone Max Weber, es decir,

(…)  aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio (el “territorio” es elemento distintivo), reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física legítima

notaremos que el Estado no asesina a Joane. El Estado tiene el monopolio de la violencia y, en este caso, no interviene de manera directa sobre Joane. Distinto sería si Carabineros hubiera disparado.

Si tomamos una definición de Estado a lo Beatriz Sánchez, es decir,

el Estado somos todos

notaremos que (1) Joane aún no era parte del Estado, o (2) toda muerte ocurrida en Chile sería culpa del Estado, incluyendo atropellos, accidentes laborales (aunque esto ya muchos lo considera como una muerte por el Estado y el Capitalismo –– “Xxxx Xxxxx murió trabajando, es decir, murió asesinad@ por el Capitalismo”), enfermedades (“asesinado por el Estado y el Capitalismo al no tener recursos para costearse la salud”) y suicidios.

Para dar fortaleza a la idea del Estado asesino, se culpa al racismo institucional chileno, y se ponen ejemplos hipotéticos sobre gente europea, blanca y no pobre haciendo lo mismo. Imaginemos a una mujer danesa tipo Brigitte Nielsen dejando a un niño solo mientras corre alejándose de él. Siendo aprehendida por la gente o por personal de Carabineros, no habla ni un poco de español. Decir si será o no detenida es especular, pero al menos alguna reacción va a generar, y dicha reacción no será ––como quieren insinuar algunos–– hacerle un trono dorado por dejar a un niño solo. Cualquier persona que haya estado en un país donde no se hablaba español puede dar cuenta de que, aun siendo fenotípicamente semejante a la población de dicho país, llamaba la atención.

Aquí hay una clara manipulación de los hechos, de la verdad. Se juegan cartas interseccionales para, mediante la manipulación de la emocionalidad, dar rienda suelta al instinto humano de buscar lo justo. Se utilizan cualidades humanas ‘desventajosas’ para torcer la realidad y transformarla en un asunto no sólo de discriminación, sino de prejuicio: ser mujer, ser inmigrante, ser haitiana, ser negra.

No se pone en duda que los hechos hayan sido efectivamente como la mujer pudo haber relatado, sencillamente porque lo más probable es que no haya abandonado a la niña (instinto maternal) sino sólo haya tomado la decisión equivocada. Una de tantas decisiones equivocadas, como las que terminaron su vida al azotar su cráneo contra las paredes.

Por Francisco JavGzo

Arqueofuturista. Adorador de los gatos. HBD. Anarcotribalista. Deep ecologist. LHP. Chaos Magick.

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