Opinión

De delirios y de inconsistencias

A diferencia de lo que quiere hacer creer el grupo tras Diálogos Feministas en “El feminismo llegó para correr los límites de lo posible”[1], publicado en la página de Opinión del diario El Mercurio, la palabra feminismo no ha sido evadida, ni silenciada ni ocultada, pues no ha habido ninguna intencionalidad en su poca (relativa) difusión, sino sencillamente ha obedecido a una cuestión de tendencias sociales y culturales que son dependientes de los tiempos y, aunque parezca superfluo, de la moda (fashion, para diferenciarlo del término estadístico). Dicho de otra manera, sería algo absurdo hablar de silenciamiento cuando se trata de falta de información, y hasta de un sencillo desinterés por parte de la población. ¿Alguien ha visto alguna vez cuando hay algún reclamo por redes sociales sobre algún triunfo en un deporte no tan popular, y es comparado con la atención que se le otorga al fútbol y se busca condenarlo por recibir más atención por parte de las masas que deberían –como demandan quienes reclaman– celebrar otros deportes? No es culpa del fútbol que otros deportes no generen interés. Tal vez con un poco más de difusión puedan ser un poco más populares de lo que son hoy, pero si no generan pasión en la población difícilmente podrán tener el arrastre que consigue el “deporte rey”.

Si pobreza, delincuencia y desempleo tienen más fama que feminismo, legalización de la marihuana o autodeterminación étnica, no quiere decir necesariamente que existan fuerzas subyacentes que intencionalmente quieren desviar la atención del público.

Como bien mencionan las autoras, existían algunos temas que no formaban parte de la discusión social, y que en el día de hoy se hable de éstos no es producto de las movilizaciones feministas, sino que es parte de los avances de la libertad (hoy en día, cada vez más coartada), mismos avances que han permitido que existan hoy en día movilizaciones feministas de este tipo. Sinceremos el debate y recordemos que hoy, en el siglo XXI, hay millones de mujeres que ni siquiera pueden gozar una fracción de la libertad de las mujeres occidentales. No se trata de jugar a una especie de empate mirando a la casa del vecino y compararse con situaciones de otras latitudes, pero tampoco debería ser ignorado –sobre todo para el futuro– que hay mujeres que viven en lugares donde simplemente no podría haber manifestación feminista alguna. Así, el feminismo ha avanzado sobre un sustrato ideológico que otorga fertilidad para dichas ideas.

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Lo que sí ha ocurrido y hay que reconocer, es el posicionamiento de algunos términos en el léxico popular, algunos para bien, otros para mal, y otros que sencillamente han sido  oídos con incredulidad, dejando la gran interrogante en cuando al “aterrizaje” de las propuestas que son repetidas incesantemente por miles de veinteañeras, y otras no tan veinteañeras. Honestamente, es difícil no tener dudas respecto a ideas como la “educación desde una perspectiva no sexista”, sobre todo para aquéllos cuyas disciplinas poco y nada tienen que ver con lo humanista, donde el género no es más que una manera de clasificar taxonómicamente a los seres vivos. Lo que es, por decir lo menos, extraño, es que este repensar en la educación no sexista tenga alguna relación con la educación pública como un derecho social, como apuntan las autoras de la carta. A primera vista, esto no tiene sentido, y estaría planteado como un vulgar eslogan conducente a la movilización de masas en función de discursos aparentemente complejos y consistentes que sólo alimentan una demagogia que no tiene nada nuevo y que carece de una real profundidad teórica.

Sí: existen maltratos. No obstante, sugerir que gracias a estas movilizaciones ya no serán tolerados es pecar de idealistas. Sin ir más lejos, la ley hace ya bastante tiempo que acoge denuncias de mujeres. Aun teniendo una estructura legal –no perfecta pero sí perfeccionable– que puede ser favorable a que se haga justicia, muchas prefieren no realizar las denuncias, lo que termina dejando en la impunidad justamente los abusos que golpean a muchas otras. Si esto marca un antes y un después, debe ser afirmado más adelante, cuando se vea si realmente se trató de un hito o de una curiosidad pasajera, semejante a todas las que han tocado al país desde la vuelta de la Democracia y que se han desvanecido en la insignificancia y el olvido.

Tienen razón, sin embargo, en cuanto a disputar los sentidos comunes. En efecto, en muchos puntos están contra estos sentidos comunes.

No es el afán de esta nota condenar la totalidad de las causas que defiende el movimiento –o, mejor dicho, parte de la escena– feminista, pues algunas de ellas pueden ser comprendidas y defendidas incluso por el más patriarcal de los hombres cis, sino hacer un llamado de atención respecto a las fuerzas políticas y metapolíticas que buscan secuestrar a los movimientos ciudadanos para sus fines: convocar “a las mayorías sociales golpeadas por el neoliberalismo”, como menciona Sánchez y compañía, no sólo tiene un fuerte hedor a populismo, sino también es ideológica e históricamente irresponsable, irresponsabilidad que es de esperar –con un corazón lleno de fantasías idealistas– que esté más relacionada con la ignorancia supina que con una intencionalidad instrumentalizante de la Izquierda, la misma que transforma movimientos sociales de base límbica en un arma para la desestabilización de las sociedades, explotando el descontento para su posterior preparación de un lecho de dinamita social insostenible en el tiempo, y que socava a la libertad desde sus cimientos.

Por Francisco JavGzo

Arqueofuturista. Adorador de Ailuros.HBD. Anarcotribalista. Deep ecologist. V.I.T.R.I.O.L. 14888

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