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Camilo Catrillanca: culpable antes de investigar

Especular es hacer suposiciones sobre algo cuya verdad no es sabida con certeza. Hasta el momento, la mayor parte de las afirmaciones sobre las circunstancias que envolvieron la muerte del comunero mapuche Camilo Catrillanca son especulaciones, opiniones y aprehensiones que pueden o no acercarse a la realidad. 

Sin embargo, hay ciertos hechos concretos que, al ser unidos dentro de una misma idea, pueden causar que la mente humana cometa errores al apresurar el juicio, al llenar los vacíos de información con suposiciones. Los hechos dados son:

Acto 1. Un grupo de profesoras del colegio Santa Rosa de la comunidad Ancapi Ñancucheo, en la comuna de Ercilla, sufre un asalto donde sus vehículos son robados por un grupo de encapuchados.

Acto 2. El “Comando Jungla”, un grupo del GOPE de Carabineros entrenado en Colombia para la lucha contra el terrorismo, entra en acción luego de ocurrido el Acto 1.

Acto 3. En un confuso incidente, resulta muerto el comunero mapuche Camilo Catrillanca (que en ese momento se encontraba por la zona manejando un tractor), víctima de una bala disparada por un efectivo del “Comando Jungla”.

Para la mente humana el asunto se resume de manera sencilla: un grupo de mapuches (aseveración que se desprende de forma intuitiva al ser Ercilla una zona relacionada con activismo radical mapuche) asaltó a un grupo de profesoras, por lo que el “Comando Jungla” entró en acción contra los asaltantes, hiriendo de muerte a uno de ellos.

Que la mente humana pueda hilar ideas rápidamente a partir de hechos no significa que éstos estén necesariamente relacionados o, menos aún, que exista causalidad entre ellos. En estos momentos, existe una guerra de opiniones donde dos bandos mayoritarios –pero de combustible visceral– se disputan por la hegemonía en la opinión, algo que ninguno va a conseguir puesto que se trata de un duopolio cultural. En este duopolio cultural se manifiesta claramente en la dicotomía de percepción sobre cualquier mapuche aleatorio: para la derecha, será un delincuente/terrorista/vago, mientras que para la izquierda será un luchador de la libertad/oprimido/resistente. Todo esto, por supuesto, sin que se tenga más información sobre el individuo que su identidad (étnica, en este caso).

En este momento, y olvidando absolutamente toda presunción de inocencia, Camilo Catrillanca está siendo acusado de delincuente y terrorista porque, por supuesto, la presunción de la inocencia siempre se reserva para los amigos, jamás para los enemigos, los que siempre serán culpables.  Así, a Catrillanca le cae el peso de la culpabilidad primeramente por ser mapuche (sin importar si era o no políticamente activo –cosa que sí era, lo que suma puntos a su culpabilidad en el tribunal del duopolio de la opinión pública); el segundo lugar, de tener antecedentes delictivos (aunque no penales, algo que le importa poco a la opinión pública, de tan eximia superioridad moral); y, en tercer lugar, de estar en el lugar de los hechos, algo que pareciera ser una prueba irrefutable para algunos de juicio más rápido.

Si Catrillanca fue o no culpable de algo más que ser mapuche y de estar en el lugar equivocado, es algo que está por verse, pero un juicio de opinión basado en meras especulaciones mezcladas con hechos que no dejan ver “el bosque completo” por sí mismo, es un error que nosotros no podemos darnos el lujo de cometer. Los juicios apresurados que se los reserven ellos, nuestros opositores, que son los que actúan desde las vísceras en respuesta a lo que sienten en sus vísceras.

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Actualización.

Luego de terminar de escribir esta nota, interesantes hechos han sucedido:

Mientras que en una primera instancia se dijo que los efectivos de Carabineros no llevaban las cámaras para registrar el procedimiento[1], un adolescente testigo del hecho afirmaba lo contrario[2]. Recientemente, el ministro del Interior Andrés Chadwick confirmó que sí hubo cámaras durante el procedimiento y que éste sí fue registrado, pero que la tarjeta de memoria de dicha cámara fue borrada, desapareciendo las pruebas.[3] Este asunto no sólo reviste de la gravedad propia de obstruir una investigación, sino que también es un balde de agua fría para aquellos entusiastas de los estados de excepción y que apoyan y creen ciegamente en los organismos de seguridad del Estado. Éstos no son infalibles, y no temen en fabricar pruebas y realizar montajes como el recordado fiasco de la supuesta conversación entre dirigentes de la CAM para cometer atentados, cuya transcripción publicó vergonzosamente el medio El Líbero (link[4] hoy muerto, pero afortunadamente reposteado en la página ArgentinaToday[5], como un mudo testigo que nos enseña a siempre desconfiar, o al menos no confiar ciegamente, de los medios de comunicación y de las fuerzas de orden).

Notas.

Por Francisco JavGzo

Arqueofuturista. Adorador de Ailuros.HBD. Anarcotribalista. Deep ecologist. V.I.T.R.I.O.L. 14888

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