Política

ARAUCANÍA: La Eterna Pacificación

En la imagen, grupos terroristas disfrazados de la causa neo-indigenista mapuche

 

Por Eduardo Cardenas

Últimamente, la situación de violencia en la Araucanía alcanza proporciones alarmantes. A diario nos llegan noticias de tomas ilegales de terrenos, balaceras, incendios de cultivos y ataques a la población civil. Todo ello de parte de las comunidades mapuche, varias sublevadas ya desde fines de la década de 1990 (1998 para ser más exacto) y otras que se han ido sumando con el pasar de las últimas dos décadas.

Para la mayoría el conflicto se origina hace poco más de 20 años, con la creación de la “Coordinadora Arauco Malleco” (CAM) en 1998, agrupación de enfoque neo-indigenista que aspira a la “recuperación” de las tierras ancestrales del llamado "pueblo mapuche", según ellos (y la lógica de los sectores de izquierda) "usurpadas" desde fines del siglo XIX por el estado chileno y agricultores criollo-europeos (muchos de ellos inmigrantes alemanes, austriacos, españoles y anglosajones).

Entre sus postulados se encuentra contemplada la validación del uso de la fuerza para tal cometido, para lo cual cuentan desde el año 2000 con los “Órganos de Resistencia Territorial” (ORT), grupos armados que hasta los días de hoy siembran el terror en los campos (y en menor medida los sectores urbanos de la Araucanía), siendo los responsables directos de las tomas de predios, los atentados incendiarios y los ataques armados. Hasta aquí la historia suena conocida, sin embargo, el conflicto se enraíza en lo más profundo de la historia no-tan-reciente de nuestro país, teniendo ya episodios similares al vivido actualmente y no menos violentos.

Desde 1860 el pueblo araucano ha pasado por tres periodos bien separados de violencia: el primero de ellos es la llamada “Pacificación”, que va desde 1861 a 1883; el segundo fue el estallido indígena de la Unidad Popular, que parte en 1969 (un año antes de la llegada de Allende, en época de elecciones) con el “Cautinazo” y se recrudece en 1971 con la creación de la “Comisión de Restitución de Tierras Usurpadas”, para culminar con el Pronunciamiento de 1973. Finalmente, el tercer periodo de violencia lo estamos viviendo desde 1998 con la creación de la CAM.

Vamos a partir con un breve repaso del periodo de “Pacificación”. Para mediados del siglo XIX el estado chileno entraba en un periodo de expansión, después de haberse consolidado definitivamente como proyecto nacional (sobre todo al finalizar la guerra contra España entre 1864 y 1866), la población aumentaba -en parte por la llegada de inmigrantes- y se requerían de más tierras de cultivo tanto por temas de alimentación como de carácter económico, debido a la creciente demanda de trigo en el mercado extranjero (California, Australia, Inglaterra); por ende, las comunidades mapuche (algo más del 35% pertenecía a las distintas comunidades, la mayoría en la región de la Araucanía) debían hacer uso de la mayor cantidad posible de tierras para el cultivo de trigo y la crianza de ganado (la carne era otro mercado pujante en la época). 

Para lograr tal objetivo, el estado comenzó entregando tierras -primero a las familias chilenas  y luego extranjeras- desocupadas aledañas a las comunidades mapuche. Con el pasar del tiempo, estos nuevos habitantes comenzaron a negociar con los araucanos por mayores extensiones de terreno, necesarias para la expansión agrícola y ganadera; este nuevo estado de convivencia pronto acarreó problemas sobre todo a causa del carácter aislacionista del pueblo araucano, quienes por siglos se habían mantenido al margen de la sociedad colonial.

Con los robos de ganado, producción agrícola (era común el robo de sacos de trigo de parte de las comunidades mapuche) y el cada vez más frecuente secuestro de mujeres (práctica extendida entre el pueblo araucano), los agricultores comenzaron a responder con hostilidad (reacción completamente entendible), lo cual llevó a varios enfrentamientos pequeños entre campesinos chilenos, europeos y las comunidades indígenas. Además de todo lo anterior, como si ya el solo hecho del secuestro no fuese suficiente, muchos de los mapuche comenzaron a recupar ilegalmente las tierras que habían vendido, si bien en un comienzo no de forma violenta sí la situación acentuó aún más los problemas haciendo que los enfrentamientos se recrudecieran. Tal situación derivó en la intervención del ejército chileno en la región de la Araucanía a partir de 1867, lo que recibió como respuesta el ataque del Lonco Jose Santos Quilapán apoyado por alrededor de 5000 guerreros araucanos dividiéndose entre distintos flancos: Malleco, Traiguen, Curaco (no el Curaco de Chiloé, sino el de la localidad de la Araucanía del mismo nombre) y Perasco.

Desde allí comenzaron una serie de escaramuzas de parte de los mapuche contra los puestos militares de la Araucanía, en donde se retomaron muchos predios que hace poco tiempo habían sido vendidos por las mismas comunidades indígenas, dándose los mayores focos de conflicto en Angol, Cañete, Imperial, Tucapel, Malleco, Ranquil y Collipulli desde 1867 a 1883 en series reiteradas de ataques. Este periodo llega a su fin el 1 de enero de 1883 cuando el coronel Gregorio Urrutia Venegas vence a los últimos batallones Araucanos en Villa Rica.

Desde entonces pasaron 80 largos años en los cuales el pueblo araucano comenzó a incursionar en el mercado agrícola y ganadero, nuevamente vendiendo extensiones de tierras aptas para el cultivo (sobre todo entre 1920 y 1930 con el auge de las exportaciones agrícolas); sin embargo, debido a su propia idiosincrasia cultural lo obtenido con la venta de dichas propiedades no rindió frutos devolviéndolos nuevamente a un estado (rebuscado) de marginalidad social. Sumado a esto, a inicios de la década de 1930, el Partido Comunista comienza a trazar planes para sublevar a las comunidades mapuche en distintos puntos de la Araucanía, partiendo con el levantamiento de Ranquil de 1934 en el cual se sabe participaron elementos de la Unión Soviética infiltrados en Chile. Con el pasar de las décadas se fueron dando pequeños focos de violencia rápidamente repelidos. La situación se logró mantener bajo control hasta el año 1969 cuando estalla el “Cautinazo”.

El llamado “Cautinazo” fue un levantamiento generalizado de las comunidades indígenas de la provincia de Cautin, las cuales comienzan a tomarse fundos y predios de forma violenta. El origen de este episodio está en la fundación de la “Federación Campesina e Indígena” en 1960, la cual gana poder a partir de 1967 durante el gobierno del DC Frei Montalva con la aplicación de la ley 16.640 de la nefasta Reforma Agraria. En 1969 comienzan las expropiaciones las cuales aumentan durante el gobierno de la Unidad Popular y en donde el “Movimiento de Acción Popular Unitaria” (MAPU), partido político de izquierda, comienza a organizar a las comunidades mapuche para expropiar la totalidad de los terrenos de cultivo de la Araucanía y posterior a eso formar cooperativas basadas en el modelo nor-vietnamita (el MAPU tenía como base el modelo de organización campesina de Vietnam comunista).

Para fines de 1972 sólo en la Araucanía se habían expropiado un número de 674 fundos.

Desde el Pronunciamiento de 1973 hasta nuestros días vuelven a pasar un buen par de décadas… durante las cuales, el gobierno militar entre 1978 y 1990 entregó 69.984 títulos de propiedad individual (no colectiva). Con esto se buscó organizar de una buena vez el desorden agrícola heredado del gobierno de Frei Montalva y la desastrosa experiencia socialista de la Unidad Popular; sin embargo, para 1997 casi la mitad de aquellos traspasos habían sido nuevamente vendidos.

En 1998 como se mencionó al comienzo se crea la “Coordinadora Arauco Malleco” (CAM) y con ella su brazo armado, los “Órganos de Resistencia Territorial” (ORT), quienes desde el año 2000 han ido aumentado la escalada de violencia hasta llegar a la tensa situación que vive actualmente la Araucanía, donde ya se contabilizan 140 ataques incendiarios (entre predios y maquinaria), 15 ataques a iglesias, cerca de 50 predios tomados y un centenar de denuncias por violencia directa, muchos de ellos ataques realizados a mano armada. En un lapso de pocos años el aumento de la violencia ha sido por decirlo menos catastrófico: entre 1998 y 2010 apenas se contabilizaban unos poquísimos casos, desde 2010 hasta hoy la escalada ha sido brutal.

Cabe preguntarse quiénes están detrás de esta oleada de violencia rural. Para esto hay que tener claro que el pueblo mapuche desde 1930 ha sido un peón de ajedrez de los intereses estratégicos de la izquierda internacional. Así, por ejemplo, desde el VI Congreso de la Internacional Comunista en 1928, se enfocó al pueblo Araucano como un elemento útil para servir de contingente revolucionario en el cono sur (tanto Chile como Argentina), y desde allí los mapuche han estado manipulados con fines políticos; la misma denominación “mapuche”, en palabras del destacado historiador Sergio Villalobos, es una invención de la izquierda con fines ideológicos, ya que el nombre original de dicha etnia es “reche”, y desde el proceso de aculturación española la forma correcta de llamarlos es “Araucanos”.

El nivel de infiltración es tal que desde mediados de la década pasada se han sumado elementos cubanos, venezolanos y de las FARC colombianas a las filas de la CAM, con el fin de servir como contingente y dar instrucción guerrillera a los comuneros alzados. El arsenal es comprado y distribuido por el Partido Comunista chileno, mucho del cual lleva en nuestro país desde mediados de la década de 1980 (Carrizal bajo fue solo uno de varios puntos de entrada de armas). En resumen, la jugada de la izquierda internacional ha sido desde 1928 una estrategia de intercambio, donde el pueblo araucano sirve como brazo armado a cambio de la promesa del reconocimiento de su “territorio ancestral”.

Para finalizar cabe preguntarse cuál sería una eventual salida para este viejo problema. A mi juicio las medidas a seguir son 3: 

Primero, la militarización de la Araucanía, la derogación de la ley indígena (ley que solo se presta para generar violencia) y, llevar a la cúpula del Partido Comunista ante el Tribunal Constitucional, ya que son ellos quienes se han encargado de manipular al pueblo indígena mediante el adoctrinamiento y la facilitación de recursos bélicos; solo llevando al PC ante la justicia se podría avanzar realmente en el problema (entre otras cosas se podría revelar el paradero de sus arsenales ingresados al país desde las década de 1980). En cuanto a la demanda territorial araucana, ésta es un vestigio de épocas pasadas que ha sido resucitada y manipulada por la izquierda con fines políticos, sin embargo, hoy carece por completo de sentido, y siempre ha carecido de validez. En este sentido, se dará por sí misma, ya que con el pasar del tiempo la “causa mapuche” irá desapareciendo con las nuevas generaciones que ya se van asimilando a la cultura nacional.

 

Bibliografía:


- Vida fronteriza en la Araucanía: el mito de la Guerra de Arauco (Sergio Villalobos, 1995)
- Relaciones fronterizas en la Araucanía (Sergio Villalobos, 1982)
- La Frontera: crónica de la Araucanía rebelde (Pablo Vergara y Ana Rodríguez, 2015)
- La vida en mediería. Mecanismos de reclutamiento social de los mapuches (Milan Stuchlik, 1999)

Por Letras Libertarias

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