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Amo a Katy Perry en silencio

Amo a Katy Perry en silencio.

Se lee bastante extraño, pero no es tan difícil de entender. Basta buscar ‘Katy+Perry’ en un buscador de imágenes en internet: un hermoso fenotipo con rasgos faciales North Atlantid (¿y algo de Brunn y Alpinid, quizás?), y un cuerpo que es un sano reflejo de lo que realmente le gusta a la sociedad occidental, no las modelos enfermizas con la que nos bombardeaban las pasarelas de “moda”. No lo pensaría dos veces para que ella fuera la contraparte de mi n-cromosómico. En pocas palabras, Katy Perry sería la personificación misma del ancestral arquetipo de la Mijita rica. ¿Sus logros personales? Yo qué sé; no me importa. Así ella es perfecta.

¿”Cosificando”? Tal vez. ¿Arrepentido? Adivinen.

Podrán decirme superficial y que eso no es verdadero. No me importa: el hombre ha elegido mujeres usando filtros superficiales durante algo así como 150 veces el tiempo en que la Democracia y el Igualitarismo han reinado, por lo que difícilmente voy a sentirme avergonzado de ser humano, demasiado humano.

No me sé ninguna canción de ella, y creo que ‘Hot N Cold’ me apareció montones de veces por todos lados y no supe quién era la voz que la cantaba, y luego lo supe. Y hoy escribo esta nota.

Sin embargo, debo aclarar que amo a Katy Perry en silencio, siendo esto último muy importante: no significa que yo lo haga desde el anonimato o la vergüenza, significa que lo hago mientras ella está en silencio.

Y es que en un arrebato brillante en relación al “incidente” atentado explosivo en Manchester, el que dejó a un montón de niños limpiándose del pelo los pedazos de carne de otros niños, por no contar a aquéllos que quedaron con clavos y trozos de vidrios incrustados en el cuerpo, la cantante declaró en Elvis Duran and the Morning Show que “lo más grande que podemos hacer es unirnos y amarnos los unos a los otros. (…) Sin barreras, sin fronteras, sólo necesitamos coexistir.

Se supone que condiciones extremas demandan medidas extremas, pero la propuesta de Katy Perry no sólo bordea en lo absurdo, sino que también en lo suicida. Definitivamente, las medidas occidentales de coexistencia, donde la Unión Europea quiso ir a la vanguardia, no están funcionando, y además se están fisurando en una violencia aún peor que aquellas odiosidades y prejuicios que querían evitarse, pues donde se suponía que los nativos impondrían discriminación y exclusión, los allegados han impuesto apropiación, colonización y violencia. ¿Para qué engañarse? La diversidad cultural no funciona.

Las fantasías de Katy Perry son producto de la misma hegemonía cultural que ha creado el clima perfecto de permeabilidad que está permitiendo que ocurran hechos de esta índole por todo Occidente y, en efecto, podríamos decir que las ideas de todos los íconos juveniles de esta generación son fruto de esta subversión cultural bien-pensantemente suicida, pero no por eso menos tonta, porque sencillamente hay que ser tonto u odiar demasiado la propia vida para responder con amor a actos de odio.

Oh, Katy: me gustas cuando callas, porque no hablas barbaridades.

Por Francisco JavGzo

Arqueofuturista. Adorador de los gatos. HBD. Anarcotribalista. Deep ecologist. LHP. Chaos Magick.

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